viernes, 10 de noviembre de 2017

SER BIOLÓGICO Y SER SOCIAL


Ovidio Roca

Aristóteles define al hombre como un animal político (zoon politikon) lo que significa que los seres humanos necesariamente tenemos que vivir en sociedad, pues el Ser humano no es solo algo biológico. Los seres vivos nacen genéticamente programados para ser lo que son y no pueden hacer otra cosa más allá de su programa biológico; por su parte el ser humano evoluciono desde su ser biológico hacia su ser social para vivir y desarrollarse en una sociedad, que es un sistema de vida y no solo un agregado de individuos.

La historia de la humanidad nos muestra que las poblaciones humanas establecieron un lugar para vivir y fundaron un Estado que define las reglas de juego para la buena convivencia. Estas poblaciones guiadas por sus elites se organizaron inventando y conformando un orden social, establecieron normas, procedimientos, jerarquías, religiosidad, estado de derecho y órdenes políticos y así pasamos de la Horda a la Tribu, al Régimen Feudal, la Monarquía, la Democracia, el Comunismo y ahí por delante. Este orden establecido no es solo subjetivo e individual, sino que existe en el imaginario colectivo del grupo social.

Siguiendo esta lógica, modernamente las  Constituciones de los países democráticos más desarrollados establecieron como funciones principales del Estado: consagrar los derechos y deberes fundamentales de las personas, establecer los límites al ejercicio del poder político y particular y las garantías para la defensa del ciudadano, además de establecer pautas mínimas para la convivencia pacífica y armónica, y por supuesto no contemplan el sueño de gobernar para siempre.

Una constante de los pueblos latinoamericanos es que buscan ser protegidos por líderes y caudillos y su ideal es el Estado benefactor. Siguiendo este camino, en Bolivia hemos entrado de pleno al populismo y al indigenismo bajo una perspectiva que mira al pasado y como consecuencia en la época del “proceso de cambio” ya no nos animamos a asumirnos como ciudadanos, personas con derechos y responsabilidades ante la ley y ante nuestros conciudadanos y más bien nos refugiamos en la tribu. Nos resistimos a construir un futuro con nuestro propio esfuerzo y voluntad y nos cobijamos en la biología; queremos derechos no por ser personas, ciudadanos, sino por ser: indígenas, negros, blancos, hombres, homosexuales, mujeres, lesbianas.

El progreso de la humanidad y los avances hacia una vida mejor lo modelan pequeños grupos de innovadores que miran hacia al futuro y no los grupos que miran al pasado. Según Ortega y Gasset, el valor de las elites (políticas, intelectuales) reside en su capacidad para autoimponerse obligaciones y vivir al servicio de valores exigentes, sin los cuales la civilización sería imposible.

En el siglo XXI los habitantes de los pueblos que marchen en la senda del progreso necesitan asumirse como ciudadanos de un Estado democrático y de libre mercado y avanzar hacia los nuevos conocimientos tanto culturales como tecnológicos, como la informática, la biotecnología, la inteligencia artificial, con lo que se lograran las capacidades para conseguir una mayor calidad de vida. Los que se queden mirando al pasado se enfrentaran a la extinción, por lo que el reto es asumir totalmente nuestra responsabilidad plena; vale decir personas que habitan en un Estado como sujetos de derechos civiles y políticos.

ovidioroca.wordpress.com




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