sábado, 22 de octubre de 2016

DESARROLLO SOSTENIBLE, EL PARADIGMA DEL SIGLO XXI

Ovidio Roca Avila: Presentación en representación del CEDES en el Foro de la CAINCO, Santa Cruz 2003.

 Actualmente, y como nunca en la historia de la humanidad, contamos con todos los elementos científicos y tecnológicos para solucionar todas las necesidades básicas del hombre, pero no hemos logrado como sociedad humana, organizarnos para convivir armoniosamente, con justicia, paz y prosperidad.

El desarrollo, entendido como mejoramiento de las condiciones y calidad de vida del hombre, comenzó a desarrollarse en una época cercana, alrededor del siglo XVIII, impulsado por elementos culturales y políticos, entre los que se pueden destacar: la confianza entre los hombres y las instituciones, una nueva valorización de la iniciativa personal, los derechos de propiedad, el cumplimiento de los contratos, la libertad de exploración.
En esta nueva era, la libertad reconoce como contrapartida, la responsabilidad y la capacidad de responder de sí mismo. Es una nueva etapa en la que se da el paso de una sociedad de “suspicacia”, que piensa en términos de ganador-perdedor, hacia la sociedad de la confianza, que piensa en términos de ganador-ganador. Esta primera condición para el desarrollo, es en la actualidad, cada vez más válida pero menos abundante.

El otro componente para el desarrollo, la innovación, cultura industrial y de la productividad, se asentó sobre el uso de las energías fósiles (carbón, petróleo, etc) utilizadas en las maquinas convertidas en motores, por el poderoso pensamiento científico y tecnológico emergente del renacimiento. Pero este modelo de tecnologías entrópicas, en la que el combustible empleado como fuente de energía era no renovable, ya  no parece que pueda proyectarse en el siglo XXI, si queremos una sociedad sostenible.

El Desarrollo Sostenible que surge a fines del siglo XX, es el nuevo paradigma que orienta a gran parte de la humanidad, en procura de valorizar nuevamente la confianza como principal valor que permite el relacionamiento de los seres humanos entre sí y con su entorno y por eso, más que de desarrollo sostenible, en realidad hay que hablar de sociedad sostenible, de país sostenible y de empresas sostenibles, como un sistema integrado.

Políticos y economistas, suelen cifrar la sostenibilidad del desarrollo en el buen funcionamiento indefinido de los mercados. Ecologistas y ambientalistas parecen más interesados en el mantenimiento de las condiciones ambientales. Obviamente se trata de garantizar ambas cosas y mejorar la calidad de vida de la gente, que es el objeto del desarrollo.
El desarrollo sostenible no es una receta para los países pobres, es una necesidad que afecta por igual a todas las sociedades y todos los mundos. Vemos cómo el cuarto mundo, vale decir los pobres en los países ricos, crece día a día.

Este nuevo tipo de desarrollo sostenible, es un desarrollo anaentrópico (de uso de energía renovable) en oposición al insostenible desarrollo entrópico (de uso de energía no renovable) que practicamos hasta ahora.
Todos vivimos en una casa común, el planeta tierra, siendo este un ecosistema cerrado que tiene como único nexo con el exterior, la energía solar que recibimos. El desafío al que se enfrenta la inteligencia humana en nuestros tiempos es que sea capaz de; por un lado organizar sabiamente nuestra sociedad para saber como vamos a vivir y relacionarnos los unos con los otros, y por otro, administrar la energía disponible, fuente de nuestra existencia, procurando ahorrarla y utilizando preferentemente aquella obtenida  de fuentes alternativas y seguras, evitando en lo posible el incremento de la entropía.

En 1987, la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y Desarrollo, presentó el denominado “Informe Bundtland” en el que se definió: “El Desarrollo Sostenible, es el desarrollo que satisface las necesidades del presente, sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras de satisfacer sus propias necesidades”, lo que viene a ser, en términos económicos: “Vivir de los intereses y no del capital

Luego en 1992, la Cumbre de Río, estableció los tres pilares del desarrollo sostenible: económico, medio ambiental y social.  De estos, el primero usa el mercado como instrumento que asigna los escasos recursos y servicios para crear una sólida economía que puede servir como fundación para el progreso social y medio ambiental. El segundo tal vez el más importante, el uso de los recursos renovables dentro de sus límites regenerativos y la capacidad de los ecosistemas de absorber los desechos. Sobre este último tema, se reconoció la importancia del valor de la biodiversidad. Aunque estas disciplinas limitan la actividad económica, incrementan la capacidad innovativa y creativa del ser humano.
Finalmente, el tercer pilar, fue el menos desarrollado y se cayó en la simple retórica de disminución de la pobreza y reducción del impacto del consumo de occidente.

Luego de diez años, en el 2002,  se celebra la Cumbre de Johannesburgo, la cual se desenvuelve en un marco donde la pobreza ha alcanzado una situación que muestra a casi la mitad de la población mundial, 2.8 millardos de personas, que subsisten con menos de 2 US$ al día. Estas diferencias entre los que tienen y los que no tienen han creado un clima de tensión y desconfianza entre los individuos y sus instituciones.

Es importante reflexionar sobre lo que ocurrió en la Cumbre del 2002, ya que demuestra que si bien Río, dio un gran paso definiendo los tres pilares del Desarrollo Sostenible, Johannesburgo nos ha mostrado el camino de un cuarto pilar, fundamental para lograr sentar las bases definitivas. Este pilar es el Político-Institucional, que va desde lo local hasta lo mundial, y que viene representado por la gobernabilidad, ya que sin consenso el desarrollo sostenible está lejos de convertirse en una realidad.

Intentemos explicarnos como funcionarían estos cuatro pilares. Por un lado (ver fig. 1), tenemos que considerar que cada pilar es función de un tipo de capital, y que los mismos al ser stocks (activos de inventario) pueden fluctuar según el tipo de acción que realizamos. Imaginémonos una pirámide de cuatro lados, donde cada lado es un pilar.
El Ambiental, pilar que está  definido por el Capital Natural que es función de los recursos naturales renovables y no renovables, además del Ecosistema o ambiente que nos rodea. Este capital nos asegurará la durabilidad de las acciones y los seres que habitan en este ambiente.

 Luego,  tenemos el pilar económico, que está representado por el Capital Económico que es función del capital financiero, físico etc., que nos asegurarán la rentabilidad de las acciones a emprender.
El pilar social representado por el Capital Social, que está en función del capital humano, estado de las instituciones, seguridad jurídica, justicia, solidaridad, etc., que nos permitirá contar con equidad en las acciones que realizamos.

Al ser, los capitales mencionados, stocks, se podrá decir que una acción es el inicio de un proceso de desarrollo sostenible, sólo y cuando la utilización de uno de estos capitales no sea solamente para incrementar otro, sino más bien para generar un crecimiento de los demás, asegurando la equidad, rentabilidad, durabilidad y gobernabilidad.

Hemos visto en los últimos años, que estos tres stocks de capitales se han incrementado, pareciera entonces muy fácil lograr el desarrollo, pero falta desarrollar el cuarto pilar, el que define que el desarrollo sea realmente realidad. Este pilar, político-institucional, que no es la participación en un partido, o grupos de presión, sino más bien es buscar la generación de políticas publicas coherentes, con las que todos estemos de acuerdo o por lo menos exista consenso mayoritario.
El pilar político-institucional, esta representado por el Capital Relacional, el cual está en función de la capacidad de los actores para el diálogo, concertación y creación de consensos para la resolución de conflictos. Para que este capital, se incremente, primeramente tiene que buscarse la transparencia de todos los actores de la sociedad, la cual generará confianza entre los actores. Para esto el diálogo, la consulta, la información clara y fidedigna y la discusión racional, son básicos para resolver los conflictos, que se generan de puntos de vista e intereses divergentes. Lo importante es explicitar los intereses de los grupos en pugna y buscar las áreas de interés común, en una perspectiva de ganar-ganar.

Es fundamental, para el progreso de la sociedad, tener y garantizar la existencia de reglas del juego claras y permanentes y organizaciones que las apliquen de una manera transparente y previsible.

Vale la pena mencionar que la sociedad norteamericana en el siglo XVIII, se encontraba en un nivel de desarrollo menor a la América del Sur y como sabemos, en un corto periodo de tiempo se desarrollan en forma espectacular, basados en su optimismo, confianza en si mismos, libertad social y de oportunidades, valorando los derechos humanos -la vida, la libertad, la posibilidad de cada cual procurar la felicidad- derechos considerados naturales por el liberalismo. Encima de esto, prevalece en la sociedad norteamericana, desde el comienzo la convicción de que el imperio de la ley, es “en sí mismo” una conquista tan fundamental contra la tendencia a la arbitrariedad latente en todos los gobiernos, que más vale soportar una ley deficiente, y aún mala, hasta poder modificarla mediante un procedimiento regular, constitucional, que admitir su enmienda o abolición por un acto de fuerza, de presión ya sea autocrático o revolucionario.

El actual  paradigma del Desarrollo Sostenible, basado cada vez más en el conocimiento, cuando nos indica que “debe satisfacerse las necesidades del presente, sin comprometer las capacidades de las generaciones futuras de satisfacer sus propias necesidades”, nos esta exigiendo también autolimitación en el crecimiento económico y poblacional. Un desafío de los próximos años es evitar la bomba poblacional.

En su aplicación operativa y empresarial, temas sobre los cuales vine trabajando el World Business Council for Sustainable Development desde 1995, el modelo de desarrollo sostenible, requiere acciones en cada una de las áreas de intersección de los tres elementos de la sostenibilidad, lo económico, ambiental y social y en el marco de lo político-institucional, como mencionamos mas arriba y se grafica en el siguiente cuadro:

Ecoeficiencia: En la intersección del ámbito económico con lo ambiental, operativamente las empresas trabajan aplicando  la ecoeficiencia, donde el prefijo ‘eco’ se refiere tanto a la economía como a la ecología, y busca crear más bienes y servicios, usando cada vez menos recursos y generando menos desperdicios y contaminación.

La ecoeficiencia tiende a estimular la creatividad y la innovación en la búsqueda de nuevas maneras de hacer las cosas. Consecuentemente, puede ser un gran reto para los ingenieros de desarrollo, compradores, administradores de cartera de productos, especialistas en marketing y hasta para especialistas en finanzas y control. Las oportunidades de la eco-eficiencia pueden salir en cualquier punto a lo largo de todo el ciclo de vida del producto.

La implementación de la eco-eficiencia dentro de los procesos de una empresa, trata ante todo de buscar las oportunidades. Dichas oportunidades para la eco-eficiencia pueden ser encontradas en cuatro áreas:

Primero, las organizaciones pueden efectuar la reingeniería de sus procesos para reducir el consumo de recursos, reducir la contaminación y evitar riesgos, al tiempo que ahorran costos.

Segundo, por medio de la cooperación con otras empresas, muchas organizaciones han encontrado maneras creativas para revalorizar sus coproductos. Esforzándose por lograr cero desperdicios u objetivos de producción del 100%, han encontrado que los llamados desperdicios de sus procesos, pueden tener valor para otras empresas.

Tercero, las organizaciones pueden ser más eco-eficientes por medio del rediseño de sus productos.

Cuarto, algunas compañías innovadoras no solamente rediseñan sus productos, sino que encuentran nuevas maneras de satisfacer las necesidades de sus consumidores. Estas  empresas trabajan con sus clientes y con otros grupos de partes interesadas para pensar nuevamente sus mercados, y rehacer la demanda y a sus proveedores completamente. Estas son formas diferentes y mejores de satisfacer las necesidades de los clientes.

Las empresas por si solas, difícilmente pueden lograr la eco-eficiencia. El progreso requiere ir más allá de las actividades internas de una empresa individual, requiere de una estrecha cooperación entre las partes interesadas, estado, sociedad civil y empresa. Se requiere que la sociedad cree y habilite unas condiciones que permitan a las empresas, individualmente, y a los mercados en su totalidad, ser más eco-eficientes. Los gobiernos tienen que jugar un papel importante en la creación de estas condiciones.
Actualmente, varios países y regiones han establecido planes de acción nacionales y regionales, enfocados a fomentar una sociedad más eco-eficiente y sostenible. Llegar a un consenso amplio sobre los indicadores principales de eco-eficiencia y establecer metas adecuadas, se encuentran entre los elementos más importantes que ayudarán en la transición hacia una economía eco-eficiente.
Estas medidas políticas para apalancar  las iniciativas empresariales que lleven a una mayor eco-eficiencia pueden incluir elementos tales como:

Identificar y eliminar los subsidios perversos

Internalizar los costos ambientales
Trasladar la carga impositiva del trabajo y las utilidades hacia el uso de recursos y la contaminación
Desarrollar e implementar instrumentos económicos

Promover iniciativas voluntarias y acuerdos negociados.


Responsabilidad Social Empresarial (RSE): Cuando se considera la intersección de los aspectos sociales y ambientales, entramos en el campo de la seguridad y conservación, para la gente y para el medio ambiente, es decir en el campo de la Responsabilidad Social Empresarial.
Esta responsabilidad va más allá de una simple ecuación de ganancias, más caridad o filantropía; va hacia un entendimiento mayor de las sociedades en las cuales un negocio opera mediante una forma integrativa, no solamente financiando acciones en pos del desarrollo sostenible, sino también formando parte activa de ellas. Así encontramos a las empresas dentro de un espectro amplio de asuntos, que incluyen mayor transparencia y responsabilidad, derechos humanos, códigos de gobernabilidad corporativa, ética, consultas comunitarias y manejo de expectativas, resolución de conflictos y estrategias de sostenibilidad.

Desarrollo: En la intersección del ámbito económico con lo social, encontramos el desarrollo económico y social, es decir hacer más y mejores cosas para mejorar la calidad de vida de la gente. La calidad de vida está entendida como adecuadas condiciones de trabajo y nivel de remuneración, en un entorno social y ambiental amigable.
El papel de las organizaciones privadas es lograr el progreso social y se orientan a satisfacer las necesidades humanas, por el cual esperan ser retribuidas en el mercado. Deben realizar su trabajo sin aumentar el consumo total de recursos, ni tener efectos adversos sobre el medio ambiente.

Dentro del marco político institucional mostrado en el cuadro y en la intersección de estos tres campos: económico, social y ambiental, encontramos el desarrollo sostenible.
El paradigma del desarrollo sostenible es una respuesta actual al desarrollo de la humanidad, pero al tratarse de procesos histórico - culturales, su aplicación debe tomar en cuenta las especificidades de cada región.
En el caso latinoamericano debemos mencionar que su atraso en lograr el desarrollo tiene fundamentalmente un origen político – institucional, vale decir que el subdesarrollo económico que padecemos es consecuencia de nuestro subdesarrollo político y por ello nuestro principal reto es superar esta situación, con liderazgo moderno, institucionalidad, justicia social, participación, educación, ciencia y tecnología, y fundamentalmente, con trabajo productivo, pues definitivamente la única forma de superar la pobreza es creando riqueza.

Santa Cruz de la Sierra 2003





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