domingo, 25 de septiembre de 2016

Mi viaje a la ISLA DE SAN ANDRES COLOMBIA


Autora Andreina Roca Aguilera

Es una isla en el mar caribe que es parte de Colombia  y se llama SAN ANDRES. Yo le di la vuelta a la isla en un teryx que allá  le dicen mula. Y alquilamos un teryx para pasear y una sombrilla para guardarla porque nos llovió.
Gina me regalo una máscara de buceo de vidrio, no de plástico y un snorkel para ver los peces de colores y los corales.
Fuimos en una lanchita a Johnny Cay que es una islita, también al Acuario,
las aguas son transparentes y se ven muchos peces. Hay muchos erizos, de los negros y los blancos. El negro si lo pisamos o lo molestamos nos chusa con sus espinas y no se pueden comer, pero el erizo blanco si se puede comer y cuando una pareja come el erizo blanco tienen gemelos.
Mi tía Andrea vio una mantarraya Águila, son mantarrayas que salen del agua y parecen unas mantas que se mueven como si el viento las llevara y chapotean muy  fuerte.
Conocí al pez perro que cuando ve algún diamante, un aro o un collar o algo que brilla se lo come y es capaz de sacarnos un dedo. Y abre la boca como un perro y sus dientes son como de un perro.
Conocí al pez loro que es un pez de colores y su boca es de color lila muy oscuro. Y otros peces más.
La iglesia de San Andrés que está en la zona de San Luis es muy hermosa porque las decoran más con cuadros y figuras de Jesús.
Comía pescado, hamburguesas, sándwich, lomito  y helados, pero algunas comidas sabían a plástico, menos las hamburguesas de Juan Valdés, el que tiene un café muy bueno, y son muy ricas.
En el avión de ida a San Andrés, mi tía Andrea siempre se encontraba tres asientos para dormir más cómoda y a la vuelta de San Andrés a Bogotá yo y mi tía nos encontramos tres asientos, de Bogotá a Lima no habían asientos y de Lima a La Paz y luego a Santa Cruz mi tía se encontró tres asientos y yo también pero en lo último, pero el que trabaja ahí me saco para el despegue y a mi tía también la sacaron.



miércoles, 21 de septiembre de 2016

CASADITO: TERRORISMO CORPORATIVO Y DE ESTADO


Ovidio Roca

Relatos de la era plurinacional
Experimentos realizados por los estudiosos del comportamiento y de la economía conductual, entre ellos los del Profesor Ariely, (*) han comprobado fehacientemente que “el cerebro se adapta  rápidamente al comportamiento tolerado por el grupo circundante; es decir que si el grupo que nos rodea consiente determinados actos de corrupción, nuestro cerebro buscará acomodarse a tal comportamiento grupal y lo repetirá en su vida cotidiana”.
Es decir, que cuando una parte de nuestro entorno comete atropellos, delitos y actúa desaprensivamente contra sus vecinos logrando así sus fines, nosotros también nos sentimos libres e impelidos de hacerlo y así se va creando una cultura de la amoralidad, la informalidad, el terror y abuso al más débil y menos organizado para defenderse. 
Este comportamiento es más generalizado en países como el nuestro, que vive en un permanente ambiente de anomia y carecen de instituciones sólidas y confiables. Como consecuencia de ello, los ciudadanos formados en este ambiente de temor y desconfianza en las instituciones gubernamentales, buscan alejarse rápidamente de sus ejecutores, especialmente de los fiscales, jueces y policías a quienes temen y desprecian.
Actúan de esta manera, pues la práctica cotidiana les ha enseñado que cuando viene, por ejemplo un fiscal o policía de tránsito, seguro que está buscando descubrir o inventar una infracción, que les permita sacar una tajada.
Por ejemplo, en los últimos tiempos el retiro de las placas de los vehículos mal estacionados se convirtió en un tremando negocio para los guardias municipales, pues el “pavo” ante la disyuntiva de la multa de seiscientos bolivianos más el trámite burocrático de una semana; contra los doscientos bolivianos, “que por ayudarte”, pedían los guardias municipales, la elección era obvia. Cuando esta práctica se convirtió, gracias a la prensa, en un escándalo público o porque los guardias no pasaban la cuota para los de arriba, tuvieron que eliminarla.
Otro ejemplo que muestra claramente cómo el entorno institucional y social influye y moldea nuestro comportamiento, lo vemos en los choferes bolivianos cuando ingresan a otros países en los cuales existe cierto ambiente de legalidad. El cambio es impresionante, pues allí se comportan de manera ejemplar, respetando todas las normas y de ninguna manera se les ocurriría ofrecer coima a un carabinero y menos en Chile.
Por estas tierras olvidadas de jehová y wiracocha, vivimos en un ambiente de permanente desorden; todos los días grupos corporativos (llamados movimientos sociales) y ahora casi toda la población, cuando tienen un interés, un reclamo, ni se les ocurre proceder de acuerdo a ley y de inmediato proceden a realizar huelgas, tomas y bloqueos para presionar a las autoridades, en las que no creen, pero como detentan la fuerza y las armas, los presionan para que les concedan lo que piden.
Esta misma lógica coercitiva la aplica el Gobierno para mantenerse en el poder; utiliza las instituciones bajo su mando: los poderes legislativo, judicial y las fuerzas armadas y policiales y aplica las leyes y las argucias que le convienen para destruir y encarcelar a sus opositores y generar terror en la población.
Ambos grupos no tienen idea y tampoco les importa, lo que la civilización ha construido en relación al derecho. Ulpiano, Jurista Romano, decía hace dos mil años: “El derecho de uno, empieza donde termina el de los demás”.
Vivimos en un escenario de terrorismo de Estado y anarquía, donde la población angustiada no atina a hacer nada, pues está totalmente paralogizada y no encuentra una salida para lograr la seguridad, la convivencia pacífica, el respeto a las leyes y a las personas.
En este ambiente de incertidumbre, la gente en su afán de sobrevivir se acomoda como mejor puede a estas circunstancias. Como dice el dicho, si no puedes vencerlos únete a ellos; una sentencia que se aplica cuando no se ve opciones y lo único que queda es subsistir a cualquier costo y cuidar de sus propios intereses.
Lo trágico de todo esto es, que cuando todo vale, cuando todo se diluye en la indiferenciación, nada en realidad vale nada. Y este es el gran problema, pues es un hecho demostrado que sin un ambiente social de ética y verdadera cultura democrática, el país no puede avanzar.
Nuestro cerebro, como se demostró en los experimentos del Profesor Ariely, se acomoda a este tipo de comportamiento y lo aplica en su vida cotidiana y esto continuara así mientras no cambie el entorno social y político y se instaure el orden y la confianza social. De ahí que los jóvenes, los que no tienen complicidad con el pasado como decía Ingenieros y que quieren construirse un mejor futuro, deben procurar un cambio democrático que les permita construir y vivir en un Estado de derecho, donde se respeten las leyes, su vida y su libertad.
 (*) DISHONESTY. The Truth About Lies.

ovidioroca.wordpress.com 

miércoles, 14 de septiembre de 2016

CUATRO OJOS: EL HISTÓRICO PUERTO DE INGRESO A LA AMAZONÍA

CUATRO OJOS: EL HISTÓRICO PUERTO DE INGRESO A LA AMAZONÍA
 Fuente: Javier Méndez Vedia
EXTRACTO
En el siglo XIX la conexión fluvial con el Beni, se la hacía por Puerto Paila, en el Rio Grande. Una crecida registrada en 1825 llevó a las aguas del Río Grande a encontrarse con el Piraí y Paila quedo inutilizado como puerto, cediendo a Cuatro Ojos la función de conectar con Mojos.

Actualmente parece sencillo llegar hasta Cuatro Ojos. Desde la Capital Santa Cruz, se recorren Warnes, Montero, Saavedra, Minero, Chané, Aguaíses, Sagrado Corazón y San Pedro, que está a unos 135 kilómetros. Se trata de la ruta soyera que, aunque asfaltada en gran parte, es peligrosa.
Hace ocho décadas, los viajeros seguían una ruta diferente a esta actual de los camiones. Para embarcarse en el Puerto pasaban a ritmo de buey cerca del río Asubicito, luego Santa Rosa del Sara, Palometas y Asubí Grande. Sesenta kilómetros de selva debían atravesar los carretoneros. Cada jornada terminaba con el misterioso canto del guajojó, que aún se oye cerca del río Palacio, que va a sumar su riqueza de peces al ya cargado Piraí, a varios kilómetros de Cuatro Ojos.
Durante las primeras décadas de la era Republicana se formó el pueblo de Cuatro Ojos. Hacia finales del siglo XIX o comienzos del XX, llegó un francés de ascendencia suiza e italiana: José Sciaroni Conil. Este francés vio el mayor esplendor del puerto. Tenía 2.500 habitantes, cuatro tiendas comerciales, oficina de telégrafo y correo. Por supuesto, se construían batelones (barcazas de regular tamaño) y lanchas.
Los productos de Santa Cruz llegaban hasta Mojos. Arroz, charque, maíz y azúcar llegaban hasta esas remotas regiones y terminaban en las barracas donde los sueños de los siringueros se apelmazaban como la hevea brasiliensis que explotaban.
Carlos Cirbián investigó que los comerciantes cruceños iban hasta Belém do Pará, en Brasil, ya en el siglo XVIII, llevando sorgo, aceite de copaibo, cuero y pieles. Regresaban con especias y otros productos de ultramar. Eran conocidos los vapores como La Estrella del Oriente, de Barriga y Compañía, y el vapor Guapay, de la casa Zeller y Mozer. "En 1899, algunos periódicos anunciaban que ya no había despachos, porque los almacenes de Cuatro Ojos estaban llenos", cuenta el pintor. El hecho de que ahí se asentase una Capitanía de Puerto indica la importancia de este punto comercial. Por ahí llegaron las máquinas de Luz y Fuerza y uno de los primeros vehículos que circuló en Santa Cruz de la Sierra.
DECLINACIÓN DEL PUERTO
En 1912 el negocio de la goma se acabó. La planta crecía en la lejana Malasia (por entonces colonia británica), África y Ceilán. Bolivia, Brasil, Perú, Ecuador y Colombia no pudieron competir con esa producción, más barata y accesible. Lo paradójico del caso es que las semillas fueron llevadas ilegalmente de la misma Amazonia.
El pequeño puerto de Cuatro Ojos dejó de ser útil; poco a poco, las tiendas fueron cerrando y quienes se instalaron en la zona buscaron mejores ubicaciones. Era raro ver navegando a las lanchas que antes surcaban frenéticas las aguas con su carga de azúcar, charque y provisiones.
Pero la naturaleza se encargaría de dar el golpe de gracia a Cuatro Ojos. Lo recuerda Pepe Sciaroni, el único varón de los diez vástagos del francés José Sciaroni.
Pepe Sciaroni (que también se llama José) vive en Santa Cruz, es un lúcido octogenario que en 1929 tenía seis años de edad. Esa fecha es importante, porque una crecida del Río Grande depositó sus sedimentos en Los Limos, lugar con numerosos bajíos cambiantes. El Piraí, al llegar al lugar con la fuerza de las lluvias primaverales, no tuvo por dónde desembocar en su 'hermano mayor', como lo llama Hernando Sanabria.
El río Piraí, según explica el director del Searpi, Walter Noe Angus, ya no tiene un cauce definido que desemboque en el Río Grande. "El cauce se divide, y por eso la sedimentación ha subido", explica.
Aunque perdió su importancia comercial, la leyenda siguió rodeando al lugar. Pepe Sciaroni Durán continuó el trabajo agrícola. Ya sabía lo que era navegar, y desde 1943 ya llevaba su producción de azúcar y café hasta Trinidad. El transporte de los productos de las casas Zeller, Elsner y de Paz Hermanos también era su responsabilidad.
Es imposible habilitar el puerto; no porque el río se ha movido más de 300 metros del lugar original, sino porque no hay una desembocadura única al Río Grande. Hace pocos años, la armada norteamericana y el Searpi estudiaron la posibilidad de habilitar el río Yapacaní como puerto de navegación. Se usaría el ferrocarril que ha quedado inutilizado entre Santa Rosa y Yapacaní. Una terminal intermodal permitiría trasladar la carga a las barcazas, que viajarían por el Yapacaní hasta el Mamoré. Los estudios de carga de sedimentos y dragado no fueron concluidos, por lo tanto, Santa Cruz quedará, por ahora, con la aspiración de tener un puerto cercano para exportar hasta la producción de la brasileña Rondonia. Mientras tanto, ahí queda, nuevamente recordada, la historia.

Nota: Enviado por Anke Arno de Santa Rosa del Sara.