Mostrando entradas con la etiqueta Historia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Historia. Mostrar todas las entradas

viernes, 21 de enero de 2022

APUNTES PARA UNA HISTORIA ALTERNATIVA DE MOJOS Y CHIQUITOS

 Ovidio Roca

La emergencia de una ciudad de frontera

Santa Cruz de la Sierra emergió como una ciudad de frontera hace más de cuatro siglos y, después de numerosos traslados, vino a recalar en un paraje donde comienzan las tierras bajas del Oriente de Bolivia, al pie de las últimas estribaciones de la Cordillera Oriental de los Andes.

Durante la época colonial y republicana, la villa permaneció en el más completo aislamiento de la que fue la célebre Real Audiencia de Charcas y, a partir de 1825, de la nueva República de Bolivia, por falta de vías de comunicación y de mercados para su producción.

Quienes colonizaron el oriente de Bolivia, vinieron de Asunción del Paraguay. Estos fueron avezados aventureros españoles y de otras regiones de Europa, que luego de fallidos intentos por establecerse en lo que hoy es Buenos Aires, debido a la ferocidad de los nativos, arribaron el río de la Plata y el río Paraguay y llegaron a la tierra de los guaraníes. La plata, objeto de su temeraria aventura, solo la habían conocido por noticias llegadas de lejanos confines andinos, de ahí que el nombre de Río de la Plata resulta una cruel ironía, para quienes que tuvieron que conformarse con la colonización de un territorio selvático, desprovistos de riquezas mineras.

La Gobernación de Moxos, creada en 1560 y ubicada en el centro del continente, lejos de todas partes y más todavía de las costas marítimas del Atlántico y del Pacífico, carecía de la riqueza minera andina y menos aún de la sumisa mano de obra indígena, pues los nativos de esta ignota región estaban dispersos en múltiples tribus, mayormente nómadas y hostiles, no acostumbrados al trabajo sedentario.

Santa Cruz de la Sierra, capital de la Gobernación, se funda en 1561 en lo que es hoy en día San José de Chiquitos y sus pobladores, llegados por el río Paraguay e ingresando por los míticos Xarayes, por la actual laguna La Gaiba, inmediatamente avanzan en procura de la Sierra de la Plata, siendo detenidos en el río Grande por otros españoles que ya dominaban el Alto Perú. Bajo estas circunstancias no les queda más que asentarse en el centro de la llanura Chacobeniana, soñando con El Dorado y haciendo esporádicas incursiones a Moxos y el Chaco, donde solo encuentran la feroz resistencia de tribus indígenas indomables, como los chiriguanos.

Desde el inicio de su precario asentamiento en el Sutó, los cruceños habían logrado de la Corona española todo un conjunto de libertades y exenciones, de manera que prácticamente se consideraban autónomos, empezando por elegir a su propio Gobernador, Alonso de Mendoza, tras la muerte de su líder y fundador, el capitán Ñuflo de Chávez, exactamente igual que años antes habían encumbrado en Asunción a Domingo Martínez de Irala, en desmedro de Alvar Núñez Cabeza de Vaca, enviado por el Rey de España para suprimir la anarquía reinante en la remota colonia paraguaya.

Es por esto que, siglos más tarde,  ante la disputa de poderes que trajo la revolución emancipadora americana, ellos prefirieron a un Rey lejano que no les gobernaba, que al autoritarismo de los criollos rebeldes que pregonaban la promesa de una Patria independiente, pero ausente y lejana. Bajo esta lógica, en los avatares de 15 años de guerra por la independencia los cruceños inicialmente transitaron más hacia el bando realista que al republicano, en la celosa defensa de su autonomía.

Tradición de autogobierno e identidad cruceña

Bolivia se constituyó en 1825 en base a una inicial confederación de provincias autónomas, que optaron por constituir un Estado Nación en los territorios que habían pertenecido a la Real Audiencia de Charcas. Durante tres lustros de lucha fratricida, desde el primer grito emancipador lanzado en Chuquisaca el 25 de mayo de 1809, y tras una sucesión de sangrientas victoria y derrotas de patriotas y realistas, la población de Santa Cruz de la Sierra fue ocupada reiteradas veces por las tropas de ambos bandos, quedando finalmente adherida a la causa rebelde.

En 1813 Manuel Belgrano comanda el ejército del Alto Perú desde Potosí, y combate a las tropas realistas. Belgrano nombra gobernadores de Cochabamba y Santa Cruz de la Sierra a Juan Antonio Álvarez de Arenales e Ignacio Warnes, y en Chuquisaca goza de la ayuda del poderoso capitán Cumbay.

Ignacio Warnes, enviado por Belgrano desde las Provincias Unidas del Río de la Plata, en plena guerra por la Independencia, ocupa Santa Cruz de la Sierra en 1813 con su batallón de pardos sublevados y muchas familias cruceñas huyen hacia Portachuelo. Entre tanto el brigadier Aguilera, cruceño de nacimiento y leal realista, defiende los intereses de su pueblo y enfrenta a Warnes derrotándolo en el Pari en 1816. Lo extraño es que la historiografía cruceña, influenciada por la docta Charcas, ensalza a un invasor extranjero, Ignacio Warnes, y desmerece al verdadero patriota cruceño que fue el Brigadier Francisco Xavier Aguilera.

Triunfantes las tropas de la Gran Colombia y ante la inminencia de la conformación de una nueva República, los representantes cruceños deslumbrados por la Audiencia de Charcas, su Universidad y las riquezas de Potosí, en 1825 optan por unirse al proyecto independentista de las provincias del Alto Perú. Los delegados de Santa Cruz y Vallegrande que viajan a Charcas, Seoane y Caballero, respectivamente, quienes llegan después de haberse realizado la Asamblea fundacional, nos incorporan de hecho a la naciente República de Bolívar. No participan, y por ende no se adscriben, Moxos, Chiquitos ni Cordillera.

Luego de la independencia, la inmensa y despoblada región de los llanos orientales, que tenía como principal núcleo urbano a la diminuta “ciudad andariega” de Santa Cruz de la Sierra,  siguió enclaustrada durante décadas en su crónico aislacionismo y lo único que conoció de la república minera de occidente fue el arribo de los Prefectos enviados desde el Gobierno y de los opositores exiliados periódicamente por los regímenes de turno.

Santa Cruz -esencialmente Mojos y Chiquitos- fue fundada por pioneros, navegantes de la selva, los que en el centro de Sudamérica construyeron una sociedad mestiza y una historia común, con sus héroes, tradiciones, símbolos y ritos que encarnan la identidad espiritual de la cruceñidad a lo largo del tiempo.

De esta manera, durante más de cuatrocientos años, la sociedad cruceña y oriental fue conformando su particular cultura y psicología, amalgamando en un continuo mestizaje racial y cultural la herencia española y las costumbres de los pueblos indígenas. Durante este largo periodo se construyó una historia colectiva, una particular forma de hablar, una serie de valores y principios compartidos y una profunda tradición religiosa, así como peculiares formas solidarias de relacionamiento social. Son parte de esta cultura e identidad oriental los símbolos, mitos, leyendas y festividades, así como la música, la gastronomía, y todo ese bagaje cultural que constituye la argamasa para cimentar la conformación de un estado federal cruceño -y su reiterada reivindicación a lo largo del siglo XIX- al interior de una anhelada confederación de estados de Bolivia.

Una economía autosuficiente ansiosa de integración

En esa época Santa Cruz se autoabastecía totalmente de productos agrícolas y ganaderos. Se producía azúcar, alcohol, arroz, maíz, yuca, plátano, chocolate, tabaco, goma elástica, ganadería y otros productos eminentemente agropecuarios, limitando su producción al tamaño de su propio mercado, pues por la ausencia de vías camineras y por los altos costos de transporte no tenía posibilidad de acceder a otros bienes y servicios, ya sea del país o del exterior. Esta situación es la que impulsó muchos años más tarde a la Sociedad de Estudios Geográficos e Históricos a presentar el Memorando de 1904, sobre la urgencia de una vinculación ferroviaria con el occidente del país.

Con la llegada del ferrocarril al Macizo Andino, desde la costa del Pacifico (Antofagasta) hasta Uyuni en 1880, la producción cruceña fue totalmente desplazada por los productos que llegaban de Chile y Perú, mucho más baratos y prácticamente sin costo de transporte. Recordemos que este ferrocarril fue construido para llevar los minerales a la costa, y de retorno venían los vagones vacíos; por lo que los fletes prácticamente gratuitos, permitían traer productos para el mercado de las minas y centros poblados de occidente.

Santa Cruz en esa época tenía poco menos de diez mil habitantes, los que quedaron súbitamente sin ingresos para importar algunos productos esenciales y cundió en ellos la desazón. Afortunadamente pronto llegaron noticias de nuevas oportunidades de trabajo con el descubrimiento de quina y goma elástica en la llamada Hylea amazónica y en consecuencia gran parte de la población cruceña, ilusionada por encontrar mejores horizontes, se aventuró hacia esas ignotas regiones. Familias enteras avanzaron por los ríos, las pampas y los montes, fundando y poblando a su paso pueblos y villorrios. Construyeron barracas, “defumaron” goma y la llevaron hasta Europa; otros criaron ganado, hicieron charque, chive (moincho), empanizado; cultivaron maíz y arroz y lo vendieron a las barracas.

La vinculación con Beni y Pando

Durante esa época la vinculación con el Beni y los gomales se la hacía mayormente por sendas y a caballo, con carretas de bueyes y luego con batelones y lanchas a vapor que partían del Puerto de Cuatro Ojos en el río Piraí. Estas navegaban por el Mamoré hacia el Beni donde se desarrollaba el lucrativo negocio de la producción gomera.

Cuatro Ojos era el rústico astillero y embarcadero de José Sciaroni, que se encontraba más allá de Portachuelo, camino hacia Santa Rosa del Sara, pasando por Palometas, Asubí Grande y finalmente al río Piraí, que luego desemboca en el río Grande o Guapaí (río de los guapá), el cual se une al Mamoré, luego al Madera y finalmente al Amazonas.

Las empresas de transporte Zeller Rosler-Villinger & Cia; R. Barriga & Cia; Voss & Stofen contaban con lanchas de vapor que navegaban tanto hacia el Beni por los ríos Grande y Mamoré -Trinidad, Santa Ana, Guayaramerin- como desde Puerto Suarez hacia Asunción y Buenos Aires, por el río Paraguay y el Río de la Plata. Los principales comerciantes cruceños por esta vía eran Crisanto Roca Pinto, Saturnino Saucedo, Manuel Peña, Pedro Vega, Elías Antelo y la sociedad Morales & Bertram.

Durante el auge de la goma Santa Cruz se desvincula económicamente del altiplano minero y esto se confirma en el Almanaque Guía de Santa Cruz, redactado y editado por Luis Lavadenz y publicado el año 1903, pues en ninguna parte del mismo se menciona empresa de transporte alguna hacia el altiplano.

Las representaciones diplomáticas y su localización también reflejan el flujo y dirección del comercio y de la economía regional. Se establecen  en Santa Cruz  consulados de España, Méjico, Francia y Perú; en San José de Chiquitos el viceconsulado del Brasil y en Portachuelo el viceconsulado de Argentina.

A inicios de 1900 la población de Santa Cruz era de 166.000 habitantes y estaba distribuida uniformemente en sus distintas provincias: Santa Cruz y Cercado, con 38.000 habitantes; Valle Grande 38.000; Cordillera, 28.000; Velasco 28.000; Sara 25.000 y Chiquitos 9.000.

A mediados del siglo diecinueve, pese a tener pocas haciendas y también escasa mano de obra, Santa Cruz se convierte nuevamente en un activo suministrador de productos para las minas del sur del Altiplano, a las que abastecen con azúcar, hilados y tejidos de algodón, charque, cuero curtido y artículos de cuero, como arneses lazos, botas y calzados.

Los artículos de cuero eran muy importantes porque, además de ser comercializados en el mercado nacional, también eran valorados en el norte argentino. Es el tiempo en que también se ensayan otras exportaciones de materias primas como la quina, la goma, la castaña y la madera. Sobre todo la goma tendrá un inusitado auge a partir de 1876 con lo que se logran consolidar grandes fortunas de emprendedores como Antonio Vaca díez, Nicolás Suárez, Nicanor Salvatierra y Antenor Vásquez, todos vinculados a los mercados europeos.

El auge de la goma y de la cascarilla

En los años 1880 y en adelante, se escuchaban en Europa y América noticias sobre la cascarilla y la goma y en consecuencia los emprendedores bolivianos en busca de oportunidades empezaron a viajar hacia las lejanas tierras de Mojos.

Las corrientes de penetración hacia el Beni y el Acre, utilizaron tres vías dependiendo del punto de origen.

Los cruceños usaron el río Grande hasta desembocar en el río Mamoré y continuar hacia el norte, abasteciéndose en Trinidad, en Santa Ana de Yacuma y en Riberalta. Esta corriente de penetración fue la que llevó el mayor empuje empresarial y la que tuvo mayor éxito económico.

Desde La Paz se trazaron varias rutas pasando por Sorata y los Yungas hasta encontrar el río Beni. Esta fue la ruta usada oficialmente por los enviados y representantes del gobierno y los interesados que llegaban desde la zona andina.

Los cochabambinos hacían su entrada por los ríos San Mateo y Chapare hasta encontrar el Mamorecillo y el Mamoré, por aquí penetró una gran parte de la mano de obra indígena y mestiza traída desde esos valles altos.

Luego de la  declinación del negocio gomero hacia los años  veinte y treinta del siglo anterior, un nuevo auge gomero se inicia con la segunda guerra mundial (1939 – 1945) y durante la misma, la Argentina es el único país americano que se declara neutral y por tanto un puerto ideal para el abastecimiento de los productos que necesita Alemania. Es así que la producción de goma de la zona de la chiquitanía, el río Paraguá, el Verde, el Iténez ingresa libremente a este país, mas bien ayudados por los argentinos. La empresa norteamericana Rubber Development y el gobierno boliviano tratan infructuosamente en frenar esta salida de goma a la Argentina, pero el que mas y el que menos se da modos para llevar su lonja  y es así que se logra la capitalización de algunos personajes con espíritu empresarial, lo que sirve de base para la instalación de ingenios azucareros, destilerías de alcohol, fabrica de hielo, curtiembres en Santa Cruz.

Los cruceños y la goma

Entre los años 1860 y 1880, emprendedores yungueños y cruceños se dirigen al Beni en busca de nuevas oportunidades de negocios, inicialmente con la cascarilla. Hacia 1870, Nicolás Suárez y Augusto Roca Pinto ya estaban establecidos en Reyes, como socios en una casa comercial dedicada a estos negocios. Por el mismo tiempo llegaron allí empresas mercantiles como la Casa Braillard, Zeller & Roessler y otras reconvertidas a la goma desde la explotación de la quina o cascarilla, como la Casa Richter.

Las noticias de la explotación de estos productos que gozaban de gran demanda internacional y buenos precios, incentiva a los cruceños a explorar su territorio, los que a partir de 1870 empiezan a poblar lo que actualmente ocupan los departamentos de Beni y Pando, en busca como de El Dorado o el Gran Paitití, al igual que sus antepasados. Más del sesenta por ciento de la población de Santa Cruz parte a la aventura gomera y solo quedan los niños y ancianos en el pueblo. El boom gomero termina alrededor del 1920 y muchas familias retornan nuevamente a Santa Cruz, algunas con sus “cachas” llenas de libras esterlinas, dejando centros poblados y su descendencia a lo largo de todo ese extenso territorio amazónico conformado actualmente por Beni y Pando.

El capital gomero será el promotor de la instalación de muchas casas comerciales europeas, en especial alemanas, que trasladan el capital logrado en el Beni a la ciudad de Santa Cruz. Se destacan los inmigrantes Francisco Treu, Alberto Natush, Jorge Banzer y el austríaco David Cronenbold. Las casas comerciales de estos europeos traerán como empleados a otros extranjeros que luego harán fortuna, entre ellos Emilio Zeller, Felipe Schweitzer, Otto Kenning, Juan Elsner y Carlos Seiler. Los principales empresarios comerciantes cruceños eran Crisanto Roca Pinto, Saturnino Saucedo, Manuel Peña, Pedro Vega, Elías Antelo y la sociedad Morales & Bertram.

Estas casas comerciales controlaron el comercio oriental hasta a inicios del siglo XX, sobre todo con la importación de artículos suntuarios para los ostentosos nuevos ricos de la goma. Tenían, además, otra importante fuente de ingresos en los créditos y consignaciones, así como en la provisión de alimentos, pertrechos y dinero a los enganchadores de mano de obra para la explotación del caucho. También contaban con navíos, puertos y astilleros con lo que controlaban el transporte fluvial de la goma.

Esa red de exportación de goma e importación de bienes europeos, que tenía una larga ruta desde la Amazonía hasta los puertos europeos y norteamericanos, requería de despachantes, intermediarios y firmas proveedoras de mercaderías, así como de un sistema de transacciones monetarias a través de letras de cambio (el primer banco que llega a la región lo hace en 1912). La hegemonía de este proceso estará en manos de capitales alemanes hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial.

Los alemanes afincados en Santa Cruz, pronto se vincularon mediante matrimonios con la vieja élite hispana. A ellos se unirán, aunque en menor medida, otros inmigrantes procedentes de Italia, como José Bruno, Vito Catera y Dionisio Foianini. Ya entrado el siglo veinte llega de la Europa oriental Mateo Kuljis y otros inmigrantes de origen croata.

La primera formación de capital y la Ruta Atlántica

Los excedentes económicos de la explotación del caucho que se vuelcan hacia la ciudad de Santa Cruz permiten financiar un activo comercio de importación, tanto el que se realiza por la ruta del Amazonas-Madera-Mamoré, como el que se desarrolla desde Puerto Suárez por la Hidrovía Paraguay-Paraná, ambas vías orientadas decididamente hacia el Atlántico.

Para entonces Santa Cruz ha dado definitivamente la espalda al occidente y la pérdida del Litoral sobre la costa del Pacífico, así como la de los mercados andinos para sus productos, llevó a los cruceños a buscar la Ruta Atlántica por las cuencas hidrográficas del Amazonas y del Plata. En realidad, desde tiempos coloniales los habitantes de las tierras bajas del oriente de Bolivia miraron la costa atlántica como el rumbo natural para sus contactos e intercambios con el mundo exterior.

De esta manera, desde la urbe cruceña exploradores y emprendedores orientales se lanzaron a la empresa de ocupar, poblar y activar económicamente regiones inmensas del territorio nacional hasta entonces desconocidas, por esas grandes avenidas de la selva que eran los grandes ríos que desde las cumbres y valles de los Andes recorrían las entrañas del continente buscando la salida al mar.

Hacia el Norte, los primeros establecimientos gomeros estaban establecidos en el curso medio del rio Beni, a la altura de Reyes, por lo que el transporte de la goma hacia el amazonas y ultramar, se realizaba primero en carretones con bueyes, cruzando las pampas hasta llegar al Santa Ana del Yacuma, para de allí continuar en canoas y batelones por el rio Mamoré y el Madera. Esto llevó a muchas familias cruceñas a establecerse en Santa Ana, dedicándose a la ganadería y agricultura para abastecer a las barracas gomeras. Son los Cuellar, Suarez, Roca, Franco, Chávez, Carvalho, Arauz y varias otras.

Recién en 1880 el explorador Edwin Heath descubre y confirma la confluencia del río Beni con el Mamoré. Las ventajas de esta nueva ruta para la empresa gomera fueron inmediatas. Nicolás Suarez tomo posesión de la Cachuela Esperanza en el rio Beni, controlando desde ella el flujo comercial de la goma boliviana hacia el Amazonas y Europa.

Pasado el auge de la goma, algunas de estas casas comerciales diversificaron sus inversiones e incursionaron en la agricultura y la ganadería. Es importante señalar que en la primera mitad del siglo XX la tierra casi no tiene valor comercial en Santa Cruz, por su total aislamiento del mercado interno y externo. Esta situación cambiará a partir de 1953 cuando el Estado central vertebra mediante carretera el occidente minero con el oriente agropecuario y se invierte en la producción agroindustrial, ingenios azucareros, créditos y maquinaria.

El Ferrocarril Madera-Mamoré

Un proyecto emblemático de la aspiración cruceña para consolidar una salida al Atlántico fue sin duda la construcción del ferrocarril Madera-Mamoré para eludir las peligrosas cachuelas que obstaculizaban la navegación comercial en las gargantas del Madera, para acceder al Amazonas.

La Empresa Church, como era denominado el ambicioso proyecto vial del empresario norteamericano que en la segunda mitad del siglo XIX se comprometió con los Gobiernos de Bolivia y Brasil a construir un ferrocarril entre San Antonio y Guayaramerin, había despertado el interés y entusiasta apoyo de Santa Cruz, Beni, Cochabamba y algunos círculos influyentes de la sociedad boliviana, regiones que serían directamente beneficiadas al salir de su letargo secular gracias a la apertura de gran una ruta comercial, sin parangón en la historia desde la fundación de la República.

Church calculaba con absoluta certeza que por lo menos tres cuartas partes del comercio de Bolivia se haría por fuerza a través del ferrocarril Madeira-Mamoré, porque todos sus grandes ríos navegables convergen a este estratégico punto del Madera. Sus estimaciones no dudaban en calcular las exportaciones de mercancías bolivianas hacia Europa y Estados Unidos en más de 20.000 toneladas de quina o cascarilla, cueros, caucho, tabaco, madera, azúcar, café, cacao, lanas, algodón, plumas exóticas y apetecidas especias, además de oro, plata, cobre y otros minerales. En tanto que las importaciones de maquinaria y herramientas, hierro y acero, textiles y otras manufacturas llegarían a las 15.000 toneladas en el primer año de operaciones del ferrocarril.

Por ello, pese a los enormes obstáculos y avatares políticos y legales, el proyecto de George E. Church mantuvo a lo largo de una conflictiva década la esperanza de muchos bolivianos que lo apoyaron incondicionalmente, pese a la inconsecuencia y la errática conducta de los gobiernos que se sucedieron en el país al calor de los cuartelazos y golpes de Estado.

El explorador Manuel Macedonio Salinas, abierto opositor a la brutal dictadura de Melgarejo, supo reflejar el sentimiento prevaleciente entre los intelectuales bolivianos de fin de siglo respecto al gran proyecto: “El ferrocarril del Madera-Mamoré será un gran acontecimiento que transforme la faz de varias naciones, especialmente del Brasil y de Bolivia… La imaginación se sorprende con la expectativa de un grandioso porvenir, en un país de inmensa superficie y asombrosa exuberancia que produce espontáneamente los más nobles frutos destinados ahora a perecer donde nacen; un país tan rico que según Castelnau abraza todos los grados de la escala vegetal del mundo; un país en el que se encuentran todos los climas y se producen desde la gramínea hasta los grandes monumentos de la vegetación… este país será pues el plantel del más activo comercio que al fin se hará universal.”

De igual manera, cinco años más tarde, el célebre explorador James Orton manifestaba su optimismo por los resultados del proyecto durante un largo viaje por el Amazonas con estas palabras:

“La ejecución de esta ferrovía removerá el gran obstáculo al desarrollo de medio millón de millas cuadradas de un bello país (Bolivia) y se convertirá en un gran impulsor del comercio con los Estados Unidos, ya que cada uno tiene lo que el otro necesita: Bolivia requiere de maquinaria, herramientas y trabajadores calificados y nosotros necesitamos la corteza de la quina, el café y el cacao, valiosos productos que hoy deben trepar las montañas de La Paz, cruzar el desierto del Pacífico y rodear el Cabo de Hornos a un costo promedio de $us. 200 la tonelada.”

El proyecto de George E. Church naufragó, principalmente debido a la mortandad entre los trabajadores causada por la Malaria y a las desinteligencias de Church con el Gobierno boliviano, con la empresa inglesa Public Works Co. y con los accionistas británicos que financiaron la obra.

Pero después de casi cuatro décadas de intentos fallidos, el gran proyecto se hizo realidad: el 1º de agosto de 1912 la ferrovía fue oficialmente inaugurada con el pitazo de la humeante locomotora a vapor arrastrando sus vagones en medio de la selva, con los empresarios y autoridades contemplando complacidos la proeza de haber sometido a la Naturaleza con el tendido del fulgurante camino de hierro. No sospechaban que en poco menos de un año de operación aquel regocijo no tendría más sentido.

La apertura del Canal de Panamá y la construcción del ferrocarril Arica-La Paz había abierto una ruta de transporte hacia ultramar mucho más corta para Bolivia, quitando al proyecto amazónico una de sus principales justificaciones para existir.

Por otra parte, coincidiendo con la conclusión de las obras se produjo la caída del precio del caucho en el mercado internacional, tornando la ferrovía en un esfuerzo inútil, al desaparecer la motivación principal que había llevado a tan persistente empeño. Más 3.000 trabajadores de todo el mundo habían perdido la vida en aquellos remotos parajes durante los últimos cinco años de construcción de aquella magnífica obra de ingeniería, cuyo costo se estimaba en más de 28 toneladas de oro, equivalente a unos 33 millones de dólares, según los valores de la época.

Nuevo auge gomero

Un nuevo auge gomero se inicia con la Segunda Guerra Mundial (1939 – 1945) y durante la misma, la Argentina es el único país americano que se declara neutral y por tanto un puerto ideal para el abastecimiento de los productos que necesita Alemania. Es así que la producción de goma de la zona de la Chiquitanía, el río Paraguá, el Verde, el Iténez ingresa libremente a este país, más bien ayudados por los argentinos.

La empresa norteamericana Rubber Development y el gobierno boliviano tratan infructuosamente en frenar esta salida de goma a la Argentina, pero el que más y el que menos se da modos para llevar su lonja de goma y es así que se logra la capitalización de algunos personajes con espíritu empresarial, (Gutiérrez, Gasser, Fernández, Banegas y otros) lo que sirve de base para la instalación de  los primeros ingenios azucareros, destilerías de alcohol, fábricas de hielo, maestranzas y curtiembres en Santa Cruz.

La riqueza derivada de la goma permite también que se construyan algunas casas que se distinguen de las una sola planta, construidas de tabique y teja, que eran los materiales básicos de la típica arquitectura cruceña. En la plaza principal: la casa de José Lino Torres (Club Social 24 de Septiembre), El Palace Theatre, la casa de los Gutiérrez (Museo de Historia Regional), la casa de los Ortiz, en la calle 24 de Septiembre y algunas otras edificaciones de mayor porte.

La ruta de la siringa

En el siglo XIX la conexión fluvial de Santa Cruz con el Beni se la hacía por Puerto Paila, en el río Grande. Una crecida registrada en 1825 llevó a las aguas de este río a encontrarse con el Piraí y puerto Paila quedó inutilizado, cediendo al puerto de Cuatro Ojos sobre el Piraí, la función de conectar con Mojos.

Para embarcarse en el puerto de Cuatro Ojos pasaban a ritmo de buey cerca del río Asubicito, luego Santa Rosa del Sara, Palometas y Asubí Grande. Sesenta kilómetros de selva debían atravesar los carretoneros. Cada jornada terminaba con el misterioso canto del guajojó, que aún se oye cerca del río Palacio, que va a sumar su riqueza de peces al ya cargado Piraí, a varios kilómetros de Cuatro Ojos.

Durante las primeras décadas de la era republicana se formó el pueblo de Cuatro Ojos. Hacia finales del siglo XIX o comienzos del XX, llegó un francés de ascendencia suiza e italiana: José Sciaroni Conil, su administrador era un danés, Ángel Bruun. Este camba-francés vio surgir el mayor esplendor de este puerto, cuando llegó a tener 2.500 habitantes, cuatro tiendas comerciales y oficina de telégrafo y correo. También se construían batelones (barcazas de regular tamaño) y lanchas, impulsadas por diestros remeros indígenas, en gran demanda por el movimiento comercial que se había generado.

Los productos de Santa Cruz llegaban hasta Mojos: arroz, charque, maíz y azúcar abastecían esas remotas regiones y terminaban en las barracas de los siringueros que explotaban la Hevea brasiliensis.

Carlos Cirbián documentó que los comerciantes cruceños iban hasta Belém do Pará, en Brasil, ya en el siglo XVIII, llevando sorgo, aceite de copaibo, cuero y pieles. Regresaban con especias y otros productos de ultramar. Eran conocidas las lanchas a vapor como La Estrella del Oriente de Barriga y Compañía, y el vapor Guapay, de la casa Zeller y Mozer. “En 1899, algunos periódicos anunciaban que ya no había despachos, porque los almacenes de Cuatro Ojos estaban llenos”.

El hecho de que ahí se asentase una Capitanía de Puerto indica la importancia de este punto comercial. Por ahí llegaron las máquinas de Luz y Fuerza y uno de los primeros vehículos que circuló en Santa Cruz de la Sierra.

En 1912 el negocio de la goma llegó a su fin. La planta crecía en la lejana Malasia (por entonces colonia británica), África y Ceilán en las plantaciones que británicos y holandeses habían creado en sus colonias asiáticas. Bolivia, Brasil, Perú, Ecuador y Colombia no pudieron competir con esa producción, más barata y accesible. Lo paradójico del caso es que las semillas fueron llevadas ilegalmente de la misma Amazonía, tal como había ocurrido con las semillas de quina extraídas de Sudamérica, germinadas en los laboratorios botánicos de Kew Gardens en Londres, para cultivarlas comercialmente en el sudeste asiático.

El pequeño puerto de Cuatro Ojos dejó de ser útil y poco a poco las tiendas fueron cerrando y quienes se instalaron en la zona buscaron mejores ubicaciones. Era raro ver navegando a las lanchas que antes surcaban frenéticas las aguas con su carga de azúcar, charque y provisiones.

La pugna por el acceso al mercado interno

La preocupación de los cruceños por el acceso a los mercados de occidente, que permita la expansión de la producción agropecuaria, fue permanente en toda esta etapa y se refleja de manera explícita en el Memorando de 1904, donde se fundamenta: I) las ventajas económicas del ferrocarril, II) Los productos que ofrece el Oriente como la región más rica de Bolivia. III) Los mercados, Inmigración, Colonización; IV) Las ventajas políticas del ferrocarril. Obviamente, sin respuesta alguna del Estado centralista.

En el siglo XIX, el sector dominante de la Bolivia andina tenía enfocados sus intereses en la minería de la plata y para ello activaron un eje económico en torno al altiplano andino, y poco conocían y se importaban de esas lejanas tierras del Oriente y la Amazonia. Las importaciones de artículos y alimentos para abastecer las actividades mineras se realizaban especialmente desde las costas del Pacifico y estas importaciones se facilitan y amplían con la llegada del Ferrocarril desde Antofagasta, al pueblo de Uyuni, a principios del año 1890. Este Ferrocarril llegaba en 1883 desde Antofagasta hasta Pampa Alta, cerca de la frontera con Bolivia. Al poco tiempo se empezó con el diseño y luego la construcción de la trocha hacia Bolivia, llegando el primer tren a Uyuni a principios de 1890 y luego a Oruro en 1892.

Las elites andinas siguen con su negocio de minas e indios y el Gobierno Nacional, desconociendo e ignorando el extenso territorio de las llanuras bajo su administración pierde la mitad del territorio nacional con que nació (poco más de dos millones de Km2) por guerras fallidas y pésimos tratados, muchos de ellos bien remunerados para los negociadores.

Paradójicamente, la historia Moxos y Chiquitos, de Santa Cruz, Beni y Pando ha sido la de la permanente búsqueda de la integración con los mercados nacionales que permita la expansión de su producción y la búsqueda de la libertad personal y colectiva y del derecho de decidir autónomamente su forma de vida.

Una caracterización de la Santa Cruz pre-moderna

La Santa Cruz pre-moderna de 1937 a 1942 era un villorio de agricultores, ganaderos y comerciantes que desarrollaban una vida algo bucólica, pero pertrechados de un fuerte sentido de pertenencia. Con ese sentimiento, los miembros de una sociedad de estas características aspiran y logran posicionarse como especiales y diferentes a otras comunidades existentes en el ámbito nacional. Valoran intensamente esta forma de convivencia porque les da fortaleza para sobrevivir y progresar materialmente y esto los hace muy interdependientes, fortaleciendo sus intereses de grupo, ya sea de familia, gremios o instituciones sociales, generando un profundo sentimiento de identidad, de ser cruceños.

Ello generó una cultura con sentido colectivista y comunal, dentro de los límites de la comarca. Por esa época no existían grandes diferencias de riqueza y poder entre los actores sociales de Santa Cruz de la Sierra. Eso los une. Se trata de un colectivismo predominantemente horizontal, donde se asientan lealtades dentro de las normas de los grupos y clanes familiares, y que está relacionado con las tradiciones transmitidas por generaciones, con un liderazgo fundado en los méritos de la gerontocracia, prácticamente sin injerencias foráneas.

El concepto de colectivismo horizontal está fundamentado en una amplia evidencia científica para comprender por qué en comunidades fuertes y con una tendencia de adscripción de sus patrones de comportamiento a estructuras económicas simples, tienden a ser colectivistas. Triandis et. al. (2002):139-140 discuten el tema con gran amplitud y definen conceptos sobre la materia. Se entiende por sociedades fuertes a los elementos unitarios de sus miembros que tienen claras ideas sobre cuáles son sus valores y acuerdan las sanciones que serán pasibles aquellos que se apartan de este comportamiento y que además son débilmente influidos por las culturas vecinas, por lo que no son proclives a aceptar otras normas. Este fenómeno normalmente se produce en sociedades aisladas ¡Y vaya si Santa Cruz estaba aislada del mundo por aquellos años …!

Es importante elaborar lo específico del concepto colectivista horizontal que asociamos a la Santa Cruz pre-moderna. Este colectivismo no busca cobijarse bajo un aparato estatal que resuelva sus problemas y carencias, ni tampoco pretende estar más presente en la vida nacional. El Estado es el ejercicio del poder de una clase dominante sobre el resto de la sociedad en base a instituciones como el Poder Judicial, la Policía, el Ejército, etc. Pero los miembros de la comarca cruceña no tenían acceso a ese poder; por el contrario, los cruceños se sentían más bien sus víctimas. La respuesta fue un colectivismo horizontal que permitió estructurar un tejido social local capaz de limitar el ejercicio de ese poder estatal o al menos reducir las asperezas de su influencia en el ámbito local. De acuerdo al colectivismo horizontal de raigambre cruceña, ese poder estatal nacional era más bien lo que limitaba y frenaba las potencialidades de desarrollo de la sociedad local.

Esas convicciones marcarían por muchos años el periódico estallido de conflictos de Santa Cruz contra los poderes andinos oligárquicos, con sus pesadas y obsoletas instituciones de raíces coloniales y su inmóvil estructura socioeconómica asentada en el extractivismo minero y el latifundio agrario.

En las culturas colectivistas, al ser tan interdependientes los grupos sociales (familia, asociaciones voluntarias, etc.), las personas les confieren absoluta prioridad y estructuran su comportamiento siguiendo estrictamente sus normas. En estas culturas se privilegia la empatía, la cohesión social y sobre todo el compartir objetivos comunes.

Desde el punto de vista de los valores morales, en las culturas colectivistas el supremo valor es el bienestar del grupo, por lo tanto la violación a los códigos morales de la comunidad y sus jerarquías aceptadas constituye un aspecto conflictivo inaceptable.

ovidioroca.wordpress.com

APUNTES PARA UNA HISTORIA ALTERNATIVA DEL ALTO PERU Y MOXOS

 

Ovidio Roca

 EL Alto Perú desde su inicio construyo su economía alrededor de la minería, especialmente la del cerro de Potosí, viviendo de la explotación de los minerales y con la ventaja de poder utilizar una mano de obra indígena, que heredan ya esclava, del Imperio Incaico- Quechua.

 La sede de la Audiencia de Charcas se establece en la campiña de Chuquisaca, un agradable valle donde los españoles deciden enviar a su familia y establecer su domicilio lejos del sorojchi de Potosí. Allí se establece el Gobierno de la Audiencia de Charcas y la célebre Universidad de San Francisco Xavier

 La Provincia de Mojos, ubicada en el centro del continente y lejos de todos lados y más aun de las costas marítimas, no participa de los negocios de la América, que son el oro y la plata y la mano de obra indígena. Viven una vida rural bucólica.

 A principios del Siglo XIX, los criollos americanos ante la debilidad del Imperio Español y la prisión de Fernando VII, buscan tomar el control del aparato del Estado y reemplazar en el poder a los españoles

 Durante este proceso de reorganización territorial y política de América, la región de Mojos, al centro del continente, no tiene mayor importancia desde el punto de vista económico, pero por su extenso territorio es apetecido por la gran Colombia y la Audiencia del Río de la Plata.

 Los cruceños desde el inicio de su asentamiento en Mojos en 1671 habían logrado de España todo un conjunto de libertades y exenciones de manera que prácticamente eran autónomos y desde el principio nombraron su Gobernador.

 Es por esto que ante la disputa de poderes producto de la revolución americana,  ellos preferían un Rey lejano que no gobierna, a un criollo autoritario encima de sus cabezas, bajo esta lógica los cruceños eran realistas, es decir autónomos.

 La Audiencia del Río de la Plata entra en la disputa por definir  la tutoría sobre el Alto Perú y Mojos, y decide enviar ejércitos expedicionarios para sentar reales en estas tierras. Asaltan y roban las cajas de Potosí y otro tipo de lindezas pero finalmente son expulsados.

 Warnes enviado por Belgrano ocupa Santa Cruz con su ejército de Pardos y las familias tradicionales cruceñas huyen hacia Portachuelo

 Aguilera, cruceño de nacimiento y realista, defiende los intereses de su gente y enfrenta a Warnes derrotándolo en el Pari.

 La actual historia cruceña, influenciada de inicio por charcas, ensalza al  invasor extranjero Warnes y vitupera al verdadero patriota cruceño el General Aguilera.

 En la conformación de la nueva República los cruceños deciden asociarse al Alto Perú por el prestigio de la Audiencia de Chacas y la riqueza de Potosí, antes que con Buenos Aires que era un matadero y salazón, sin mayor prestigio. Finalmente los delegados que viajan a Charcas (Moldes y Lemoine) para la conformación de la nueva República, aunque llegan después de la reunión, deciden la adhesión a Chuquisaca porque además se sienten vinculados personalmente con esa capital.

 Luego de la fundación de la Republica, toda esta basta y despoblada región de Mojos sigue su vida de aislacionismo y lo único que conoce de la Republica minera es el arribo de los Prefectos enviados de La Paz y los opositores exiliados por el régimen de turno

 La economía cruceña es rural, caña de azúcar, ganadería, arroz y las curtiembres y talabartería, e ingenios rústicos para la producción de azúcar. Parte de esta producción es vendida a las zonas mineras y transportada en mulas. Los productos cruceños, especialmente el azúcar, el algodón y en menor escala el cuero, eran comercializados especialmente en los centros mineros, a través de caminos muy precarios desde el período colonial. Ya en el último tercio del siglo XIX esto cambió radicalmente como consecuencia de dos importantes hechos: la llegada del ferrocarril al país y la explotación gomera.

 Cuando al año 1880 llega el ferrocarril a Uyuni, construido para llevar los minerales a la costa y que de retorno, con flete gratuito permite traer productos de la costa de Chile y Perú a las minas y centros poblados de occidente, lo que compite fácilmente con la producción cruceña y la desplaza.

 Santa Cruz en esa época no tenía más de 10.000 habitantes y sus pobladores quedan sin ingresos para importar algunos productos esenciales que traen del rio de la plata.

 En esa misma época, las noticias de la cascarilla y luego la goma incentiva a los cruceños, los que a partir de 1870 empiezan a viajar a lo que actualmente es Beni y Pando, en busca como siempre de El Dorado. Más del sesenta por ciento de la población joven parte a la aventura gomera y solo quedan los niños y ancianos. El boom gomero termina alrededor del 1920 y muchos retornan nuevamente a Santa Cruz, dejando centros poblados por sus descendientes, a lo largo de todo el extenso territorio amazónico boliviano.

 Un segundo auge gomero se inicia durante la segunda guerra mundial (1939 – 1945) durante la cual, la Argentina es el único país americano que se declarar neutral y por tanto un puerto para el abastecimiento de productos que necesita Alemania. Es así que  la producción de goma de la zona de la chiquitania, el río Paraguá, el Iténez ingresa libremente y más bien ayudado por los argentinos. La empresa Ruber Company norteamericana y el gobierno boliviano tratan infructuosamente en frenar esta salida de goma a la argentina, pero el que más y el que menos lleva su carguita de goma y es así que se logra la capitalización de algunos personajes con espíritu empresarial, lo que sirve de base para la instalación de ingenios azucareros, fábrica de hielo, curtiembres.

 En esa época se construyen algunas de las tres o cuatro casas  de buena factura, que sobresalen por sobre los pahuichis de un piso que son la típica construcción cruceña. La Casa Zeller en la Plaza Principal, la casa de los Gutiérrez actualmente el museo de historia, la casa de los Ortiz en la 24 de Septiembre y Beni y la de los Paz en la Plaza principal y otras pocas.

 Santa Cruz vegeta en su aislamiento y su pobreza y recién el año 1954 con la conclusión de la carretera con Cochabamba se abre el mercado para la producción agropecuaria cruceña hacia occidente y la llegada de los ferrocarriles de Brasil y Argentina frena toda posibilidad de industrialización. Con el mercado de occidente recién es posible ampliar la producción agropecuaria cruceña.

 El “Plan Inmediato de la Revolución Nacional”, documento elaborado por Walter Guevara Arze indica con claridad que de los diez productos que Bolivia necesita importar y que afectan a la existencia de divisas, seis se pueden producir en Santa Cruz. Se instala el Ingenio Guabirá y con apoyo de los EEUU se establece el SAI, Servicio Agrícola Interamericano, que alquila maquinaria a precios bajos y pago con la cosecha, lo que permite ampliar rápidamente las áreas cañeras y luego arroceras y maiceras.

En la década de los cincuenta del siglo pasado, el COOPP se organiza para responder al viejo anhelo de la población citadina (ya de cincuenta mil habitantes), de contar con servicios básicos.

La idea era dotar de estos servicio inicialmente en la ciudad de Santa Cruz una infraestructura de agua, pavimento, energía, alcantarillado que permita una vida más confortable al igual que en otras ciudades y facilite que se radiquen en ella las empresas y sus funcionarios. No olvidemos el eslogan con que se peleaban las regalías: Agua, pavimento y luz para Santa Cruz

 En los años setenta con la visión de ampliar las competencias del COOPP y sentar las bases de un desarrollo productivo regional, se organiza CORDECRUZ que tenía como finalidad impulsar proyectos productivos y de desarrollo que sirvan a las regiones de estímulo para continuar con este tipo de actividad introducir una instancia de modernidad en las regiones, técnicos, ingenieros, mecánicos, administradores cuya presencia induzca a tomar actitudes.

Los proyectos estudiados en la primera etapa eran de máximo doscientos mil dólares por proyecto, adecuado al presupuesto del COOPP y de inicio en  CORDECRUZ inicial de dos millones de US$

 Por su parte impulsado por  líderes regionales de prestigio personal y ético promovieron la creación de entidades cooperativas para manejar la telefonía. Posteriormente SAGUAPAC que fue constituida por el COOPP se transformó en una Cooperativa.

Años después la estructura administrativa de las cooperativas fue cooptada y mediante el control de las elecciones dio paso a los grupos de poder que se capitalizan con las cooperativas mediante comisiones en la adjudicación de contratos y la creación de empresas del grupo que reciben todos los pedidos que demandan estas entidades. La cooptación de inicio fue beneficiosa, la estructura administrativa estable y permanente y permitió el desarrollo técnico de su personal haciéndolas más eficientes que las del resto del país de su mismo género.

ovidioroca.wordpress.com

viernes, 24 de abril de 2020

HISTORIAS Y CUENTOS POLÍTICAMENTE INCORRECTOS, EN TIEMPOS DE LA PANDEMIA POPULISTA COCALERA



Ovidio Roca

Escritos del año uno del coronavirus.

“Quién olvida su historia está condenado a repetirla”: Ruiz de Santayana.
Toda generación necesita conocer y aprender de la historia. Cuando se olvida el pasado y no se aprende de esa experiencia, se tiene muchas probabilidades de volverla a repetir. Por esto no podemos olvidar la trágica historia del periodo que nos tocó vivir a los bolivianos bajo el populismo cocalero y luego el castigo del coronavirus. 

Hay varias cepas del virus: la China Wan, la “Evo orín oca” que luego mutó a “Evo orín coca” y que es mucho más letal. Habrá otras en los próximos meses.
Mientras me escondo del contagio viral, trato de evitarlo escuchando música y comiendo chuño como aconsejan los alteños; chivé como recomiendan los benianos y tomando vino patero, como recetan los tarijeños.

Currículo de un Jefe indio del Sur (Chávez dixit)

Desde su natal Orinoca Evo se trasladó a Oruro, dejando solas (y alegres)  las llamas y las ovejitas de su papá; dos de las cuales dieron su vida para que el futuro Presidente pase de curso en la escuelita primaria de su pueblo.
En Oruro trabajo de todo y también como trompetista
de la Banda Imperial de Oruro. En sus ratos libres, durante las mañanas, practicaba el futbol y luego se deleitaba con un “rostro asado” regado con una buena aqha.

Empujado por la crisis y la mama coca, toda la familia se fue para el Chapare y allí se consiguió un Cato. Se hizo conocer como futbolista y gracias a su carisma ascendió a dirigente de fútbol en uno de los Sindicatos cocaleros y luego a Presidente de las seis Federaciones de cocaleros del Chapare, cargo que detenta hasta hoy. 

Como dirigente cocalero instauro la práctica del bloqueo sistemático y por meses para debilitar al gobierno, paralizar el tránsito de los policías y facilitar el negocio de la coca, su procesamiento y transporte desde el Chaparesuyo (
no nuestro, del Evo, pues es suyo) al mercado internacional.

En su estrategia comunista de poder, el Foro de San Pablo para el caso de Bolivia utilizó, no la lucha de clases, sino el racismo y la identificación étnica. Ellos eligieron al que Chávez llamaba Jefe Indio del Sur y lo posicionaron como icono indígena para encabezar su proyecto populista de dominación. Luego le enviaron entrenadores políticos, pero como dice Evo: no entiendo. Sin embargo, usando hábilmente su instinto empieza su trabajo desde el Chaparesuyo Cocalero, enamorando a los productores de coca, a las masas indígenas del país y luego a los trabajadores informales. El Foro con su oscura inteligencia y plata venezolana, consigue  hacerlo presidente y así ampliaron su área de dominio en Latinoamérica.

La enseñanza chapareña del bloqueo se constituye en una práctica cotidiana de los masistas: “Déjenlos sin comida” instruye el prófugo desde México y lo repite fielmente el dirigente cocalero Huarachi: “Les vamos a dar cátedra de cómo se hace un paro, un bloqueo, vamos a cercar La Paz”.

El peso de los votos y la con$ultoría comunista española de Podemos

Con el voto del 30% de la población que está asentada en el área rural de Bolivia se elige al 50% de los Diputados. El 70% de la población del área urbana elige el otro 50%. Por tanto el voto de una persona que vive en la ciudad equivale a un tercio del voto en zonas campesinas.
Fueron modificaciones a la ley electoral realizadas por el MAS, buscando favorecerse con el voto étnico y lo hizo con la a$esoría de expertos españoles con coleta, que apoyan a sus cómplices comunistas y les cobran muy bien en kilos de billetes verdes y en kilos de blanca. En eso son capitalistas.

El manejo del dinero por los capitalistas y los socialistas.

En 1947 el Secretario de Estado, George C. Marshall, proponía un plan integral de reconstrucción para Europa, cuya economía e infraestructura después de la guerra mundial estaba totalmente destruida.
El año siguiente, 1948, el Congreso Estadounidense aprobó un plan de cooperación en el que se destinó una ayuda económica de 12.000 millones de dólares para la reconstrucción del continente europeo.
El paquete de ayudas estaba dedicado a la producción de materias primas, alimentos, fertilizantes, equipos, vehículos y en definitiva, al desarrollo de la industria de esos países.

Entre los años 2006 al 2019, gestión de Evo Morales, se gastaron 310.000 millones de dólares, es decir como 26 veces lo asignado en su momento para la reconstrucción de toda Europa, que funciono y para todos.
El paquete de ayudas masistas se destinó a comprar fábricas inservibles, museos, palacios, aviones, autos, helicópteros, canchitas de fútbol y en especial al enriquecimiento de la cúpula cocalera; funciono para los masistas y no así para los bolivianos.

Complicidad populista y apoyo Kitschnerista:

 El argentino Adolfo Pérez Esquivel informó que ha postulado formalmente al expresidente de Bolivia, Evo Morales, para el Premio Nobel de la Paz.

Gracias al socialismo tendremos un premio nobel. Jallalla

ovidioroca.wordpress.com

viernes, 14 de agosto de 2015

OLVIDO DE LA HISTORIA y EL GRAN HERMANO

OLVIDO DE LA HISTORIA y EL GRAN HERMANO
Ovidio Roca
Se dice que la historia es la memoria colectiva de un pueblo y aquello que lo une; es por ello que los regímenes totalitarios y para someterlos, se empeñan en robarles la memoria, quitarles el espíritu y dividirlos.

Cuando olvidamos nuestro pasado y nuestras tradiciones, dejamos de ser parte de una comunidad y quedamos solos e inermes. Para lograr esta amnesia los ideólogos populistas, ya sea nazis o socialistas, cambian la historia, reescribiéndola cada día, y así anulan la cultura y el sentimiento que une a las personas. 

A pesar de esto, la gente, el pueblo; lucha por mantener su historia y su cultura, manteniendo el compromiso de un futuro común y compartido. En la lucha política la oposición generalmente invita a recordar esa historia y un pasado en el que las cosas no eran tan malas como ahora, y como el revisar el pasado, conduce a rectificar el presente y mejorar el futuro, el gobierno totalitario se empeña en borrarles la memoria, en “quitarle el alma a los kharas”, como dice la Tesis de Shinahota.

Al respecto, Hannah Arendt nos explica: “El sujeto ideal del régimen totalitario no es ni el nazi ferviente ni el comunista convencido, sino el hombre para el cual la distinción entre hecho y ficción  y entre verdadero y falso ha dejado de existir”.

Y siguiendo esta estrategia de cambiar la historia,  últimamente en Trinidad y cuando el masismo celebraban la toma del último bastión opositor, el Gran Hermano se mandó el cuento del Inca Moxos: “Fue Moxos la frontera que resistió la invasión colonial, ahí se refugiaron los herederos del Inca Moxos, ha sido la cuna de los debates sobre la construcción de una sociedad plurinacional post colonial”.

La realidad histórica nos enseña que los mojeños vivieron en la amazonia antes de la existencia del gran Imperio Incaico; que no existió un Inca Moxos y que los mojeños, de origen arawak, no hablaban quechua.

Para mantener nuestra identidad y no dejarse amilanar, necesitamos conocer y difundir nuestros fastos e historias locales y no olvidarlos; entre estas la magnífica historia de Mojos, anterior al imperio incaico y aprender de ella.

Entre los años 800 a.c y 1200 d.c. y en la región amazónica de Mojos, trabajó y prosperó una población de más de dos millones de personas. Una gran civilización hidráulica, de la que tenemos mucho que aprender, que controló las inundaciones cíclicas y las sequías. Ellos utilizaron avanzados conocimientos de ingeniería y planificación para controlar las inundaciones y las técnicas desarrolladas para contrarrestarlas fueron los sistemas de camellones, lomas, canales y terraplenes, constituyendo impresionantes sistemas de drenaje a gran escala, asociadas a lagunas artificiales y el establecimiento de áreas de cultivo y asentamientos humanos en las partes altas de montes islas y lomas naturales y artificiales. Sus restos los podemos ver claramente cuando sobrevolamos el Beni. (*).

Los ideólogos y escribas del Estado Plurinacional siguiendo las estrategias de dominio comunes a todo totalitarismo, pretenden anular en las personas quitándoles su espíritu de resistencia y su autoestima, borrándoles su herencia cultural y su pasado. Por esto el empeño por cambiar los signos, los nombres, las instituciones, las tradiciones, las fiestas, los héroes.

Orwell nos muestra la importancia del manejo de la memoria histórica como método para manipular a las masas y en su famoso libro “1984”cita: “Quien controla el pasado, controla el futuro; quien controla el presente, controla el pasado”. Este axioma tiene una interpretación evidente: el futuro será de quienes han manipulado el pasado, hasta el punto de modelarlo a su antojo. No lo permitamos.

Nota:
(*) Consultar: Beni un pueblo de pueblos en las llanuras inundables de Mojos, en: ovidioroca.wordpress.com




sábado, 4 de mayo de 2013

DEL SEXO DE LAS PIEDRAS AL PARTO DE LOS MONTES


DEL SEXO DE LAS PIEDRAS AL PARTO DE LOS MONTES
La reivindicación marítima en lenguaje políticamente incorrecto.

Ovidio Roca

Forma parte de la condición humana la  tendencia de negar la realidad para evadir nuestros problemas, nuestra responsabilidad. Nos dicen los psicólogos que el uso de la negación implica la falta de esperanzas en poder cambiar la realidad objetiva y que para ello invalidamos parte de la información no deseada y luego decidimos vivir nuestra propia vida, como si aquella realidad desagradable y que difícilmente podríamos cambiar, no existiera. 

A nivel político y para el control de las masas, usamos sus negaciones, sus traumas, ese su sentimiento de indefensión y luego le encontramos la explicación, la justificación en el enemigo necesario, el que nos impide progresar: el Imperialismo, los oligarcas, los separatistas, los opositores. Los mitos nos ayudan a vivir pero sobre todo ayudan a aquellos que los exaltan demagógicamente para manejar a las masas y mantenerse en situaciones de poder.

En este contexto vale la pena revisar la actitud del actual gobierno, en relación a uno de los principales  cultos masoquistas bolivianos, la reivindicación marítima que forma parte de lo que nuestros vecinos argentinos llaman el lamento boliviano.

Mientras Chile tenía gobierno socialista, se mantuvieron las mejores relaciones y Evo fue llevado de la nariz durante cinco años por la Presidente Bachelet; no hubo ninguna disputa sobre el tema marítimo, pues eran hermanos y miembros de la misma Iglesia socialista. Olvidábanse los masistas que estaban tratando con un país institucionalizado, que tiene y mantiene políticas de Estado, sobre todo en su política internacional.

Cuando la derecha asume el gobierno, se rompe el idilio, nos enfurecemos y empezamos a asumir actitudes de sindicalista en manifestación, con declaraciones cada vez más fuertes, de aquellas “hasta las últimas consecuencias”. Tanto es así, que algunas personas pensaban que nos conduciría a un enfrentamiento armado o por lo menos a denunciar el Tratado de 1904.

Cuando se produce el “sexo de las piedras“  y luego el “parto de los montes“, nos lo explica el Canciller David Choquehuanca: “La demanda boliviana solicita a la Corte Internacional de Justicia que falle y declare que Chile tiene la obligación de negociar de buena fe con Bolivia un acuerdo pronto y efectivo que le dé y le otorgue una salida plenamente soberana al océano Pacífico”. La gente lo escuchaba desconcertada, pues las rotundas declaraciones y amenazas anteriores no se corresponden con la tibieza de la demanda legal presentada.  

No es de extrañar pues es la misma actitud, que con pocas excepciones, hemos mantenido desde el siglo XIX.

Hace algún tiempo en el arroyo Sereboqui, conversaba con mi amigo Pukymon sobre las percepciones que tiene la gente sobre los diversos temas de la vida nacional y le comentaba que unos parlamentarios del Estado Plurinacional, ante la pregunta del periodista, de para que querían mar, le respondieron: para ir a la playa, para bañarse, para tener algunos barcos, para viajar.

Como siempre el problema está en no identificar nuestro objetivo, en este caso si queremos el mar principalmente: para bañarnos, o para tener un fluido y económico transporte para nuestro comercio exterior, o por un sentimiento de soberanía y reivindicación, o para tener un enemigo culpable de nuestros males, de nuestros problemas económicos o por todo lo anterior. Sería bueno entonces, tener claridad en lo que queremos y sobre todo aclarar si en realidad queremos una solución, o deseamos mantener el conflicto, para levantarlo cuando convenga políticamente. Esto es importante para así orientar nuestra acción.

En realidad, parece que el asunto del mar nunca se lo tomo en serio, fue una excusa, un mito más para explicar, para justificar nuestra pobreza, nuestra falta de empeño para el trabajo. Recordemos que en su momento, la toma de Cobija, Calama, de Antofagasta, del litoral, no fue tan importante como para molestar con lejanas y malas noticias, la celebración del Carnaval.

Los mitos sociales y el patriotismo, ayudan en momentos difíciles a unir a la masa alrededor del caudillo que lo invoca, en este caso el del mar perdido.
Estos mitos sociales calan más o menos hondo dependiendo de la cercanía regional con el hecho exaltado. En las épocas de los gobiernos militares, poco antes de la conquista de la democracia en los años 80. El gobierno militar de turno, buscando un símbolo que unifique a toda la población, impulso una intensiva campaña en pro de la reivindicación marítima y como toda propaganda excesiva, saturo a la audiencia y como respuesta se escuchaba, cuando los equipos de fútbol cruceños jugaban contra los del interior andino, el griterío de ¡¡collas pide mar!!.

El mar es un trauma y también una excusa para justificar lo que no pudimos conservar. Chile es el enemigo responsable de todos nuestros males, aunque no tanto como el gran enemigo necesario, el Imperio Norteamericano, que avasalla, roba, explota al pueblo, al país e impide nuestro desarrollo.

Bolivia en el Siglo XIX y hasta hace pocos años, era un país eminentemente rural y de población indígena, con una cúpula oligárquica encerrada en sus montañas y dedicada a la minería. Desde el inicio, para la exportación de la plata y otros minerales, se usó puertos peruanos como el de Arica, y muy poco su puerto de Cobija y luego de Antofagasta.

Al momento de la guerra del Pacifico la población de Antofagasta era noventa por ciento chilena y las inversiones casi totalmente de capitales ingleses y chilenos. La minería de plata de caracoles y la explotación del salitre y guano estaban en manos de empresas de capitales ingleses y chilenos, quizá con la sola excepción de Huanchaca que tenía inversiones bolivianas.

Si alguien dijera, que la pérdida del mar se debió a que estaba abandonado desguarnecido, sin presencia efectiva de población y actividad económica, boliviana en la zona; pues los empresarios bolivianos de entonces se dedicaban a sus negocios mineros y explotación de la mano indígena en la zona andina; seguro que será tildado de traidor, de enemigo de la patria.
Coherente con los interese de la minería, en el tratado de paz con Chile de 1904, se reconoce la pérdida del litoral marítimo y se conviene el libre tránsito de mercaderías y la construcción de un ferrocarril de Arica a La Paz

Hay hechos objetivos, necesitamos importar y exportar. El puerto de Arica es una de las mejores opciones, por distancia, por eficiencia en el manejo de la carga, por costos. Siempre es importante tener varias opciones y ahí están también los puertos peruanos y para la carga por el Atlántico necesitamos implementar Puerto Bush.

Los sectores económicos con conocimiento de causa deberían plantear al país, una propuesta económica para las negociaciones con Chile, sobre las facilidades portuarias y de transporte. Necesidad o no de una zona de enclave con soberanía que permita solucionar problemas legales de comercio. Vivimos en las épocas del leasing; los empresarios prefieren el uso del bien, alquilar, contratar infraestructura, inmuebles, vehículos, equipos, para realizar sus actividades y cada vez menos les interesa la propiedad.

Los empresarios deberían pronunciarse sin tener miedo de ser tildados de enemigos de la patria y traidores, pues haciendo negocios con las zonas portuarias se acercan intereses y luego se consiguen propuestas conjuntas de solución.

 Por el momento, lo que se ve es que la estrategia marítima del gobierno se orienta solo a ganar tiempo, empujado por los problemas económicos y sociales que lo están desbordando. Y lo más importante para ellos es que este trámite será largo y permitirá mantener latente el problema, para sacarlo cuando sea necesario para distraer la atención, entonces recordaremos a Avaroa y !!que se rinda su abuela, carajo!!.