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jueves, 9 de abril de 2020

CULTURA DE ANTAÑO EN EL ORIENTE BOLIVIANO



Ovidio Roca

De lo que recuerdo en tiempos de mis abuelos, la primera mitad del siglo anterior, la gente vivía mayormente en el campo, también tenía casa en el pueblo y todos se reunían y se agrupaban alrededor de su familia, su comunidad o pueblo y de la iglesia.
El oriente y desde siempre, estuvo aislado del Estado andino central vinculado a las minas y la explotación de la mano de obra indígena. La autoridad gubernamental local estaba constituida por el Prefecto y cuatro pacos. 

Por la total desvinculación, la economía local era de autoconsumo y el trabajo de la gente se iniciaba en el campo al amanecer (a prima), unos iban al chaco y otros a atender las vacas y demás animales; el trabajo era arduo y terminaba al caer el sol, (a la oración). En la casa del patrón similar a las del resto, como un lujo había una radio a pilas en la que por la noche, echados en las hamacas, se escuchaba la BBC de Londres que tenía buena señal, no así las nacionales, si es que había.

La familia extendida, de abuelos, padres, tíos, primos, etc. era la base fundamental y se buscaba protegerla y consolidarla, pues además del apoyo emocional que prestaba, estaba el económico y que constituía el seguro social de esa época. En los casos difíciles de enfermedad o pérdida de ingresos, la familia extendida era el apoyo para todo y todos.

Esta construcción social era una actitud activa y constructiva de la gente: construir una familia, una nación o una iglesia, requiere de virtudes y esfuerzo. Era además la época en la cual los hombres se casaban con mujeres y tenían hijos y todos trabajaban juntos para hacerse un futuro. La mayoría trabajaba en el campo, en la agricultura y ganadería y en la estancia se hacía artesanalmente todo lo imprescindible, desde el azúcar baya, la miel, el charque, el jabón de lejía, las velas de sebo, los muebles, las hamacas, etc. No había supermercados para comprar artículos chinos. 

Entre las personas había de todo, también algún frescos y algunas marimachos, pero muy escasos. Estos trabajaban en lo que les quedaba más cómodo: en la cocina, lavandería, haciendo pan y queso o cuidando las huachas.
Era una sociedad provinciana pobre y en general se juzgaba a las personas por sus valores personales y no por su posición social u orientación sexual. Recuerdo que en la Estancia, en la punilla de la casa, había una mesa muy larga donde se servía entre las cinco y las seis de la mañana el desayuno para todos: los patrones, los mosos y a los viajeros que pasaban por allí. Despues de esa hora, no se encontraba nada ni a nadie.

En este modelo de pertenencia: familiar, nacional y religiosa las personas se  comprometen a trabajar, a sacrificarse y mirar más allá de sí mismos.
En este siglo XXI al margen del avance tecnológico y de la globalización, en el plano humano se dan muchos cambios, ahora mucha gente se siente vinculada a los llamados grupos identitarios, las minorías raciales y los de género, tales como los grupos LGBTI. En este contexto los grupos de género y raza sustituyen a la pertenencia de la familia, la Iglesia y la nación.

Cuando algunos tradicionalistas, opinan ahora, que el matrimonio debe ser como antes entre hombre y mujer pues es una institución al servicio de la reproducción de la especie, los identitarios consideran que se está ofendiendo a los homosexuales y cuando alguien defiende el control de fronteras, se lo tilda de racista y xenófobo, etc. y se les castiga como tales.

En general los grupos identitarios actúan formando alianzas políticas exclusivas con otros miembros de este mismo grupo y cada vez menos en partidos políticos tradicionales con propuestas ideológicas y económicas.
Estos grupos identitarios no se imponen deberes, ni convocan al esfuerzo y trabajo, sino a la autocompasión y la reivindicación.

ovidioroca.wordpress.com

miércoles, 24 de julio de 2019

CUENTOS DE PUEBLO ANTIGUO EN LENGUAJE POLÍTICAMENTE INCORRECTO



Ovidio Roca

(Todos razonamos influidos por nuestro entorno y circunstancias. SNCHY)

La ecléctica cultura machista del oriente y las “Patronas”.
Allá por mediados del siglo XIX y principios del XX, en los pueblos cruceños y especialmente en sus áreas rurales, los hacendados se movían bastante, manejando su ganado o viajando por negocios a Mojos, a la frontera argentina o brasilera y eran sus esposas, la Patrona, quien tenía a su cargo la administración de la Estancia, de la Hacienda, el manejo del personal y los problemas del día a día. Algunas familias, en la época de la goma hacían “en bollo” el consabido viaje a Paris y Londres, aventura que duraba cerca de un año.

La patrona organizaba y controlaba las diversas labores cotidianas: cuidado del chaco, los potreros, la ordeña y la fabricación de queso y cuando se carneaba la fabricación del charque; también la fabricación de jabón de lejía y velas de sebo, del empanizado y el azúcar baya y algo de alcohol resacao; en el Beni además se hacía chivé de yuca y chipilo de plátano verde. En la vida pueblerina las mujeres estaban a cargo de la casa y la comida, algunas de la pulpería y otras eran maestras de escuela. Eran por lo general las mujeres quienes manejaban los negocios y el cuidado y unidad de la familia.

Como se vivía en comunión con la naturaleza, el entorno biológico enseñaba que nacemos con sexo, hormonas y conformación física para ciertas funciones. La convivencia natural con la fauna: toros, vacas, gallos, gallinas, gatos, gatas, hacía reconocer como natural la diferencia de los sexos y los muchachos con paloma hacían chivi de pie y detrás de un árbol y las peladas con pan lo hacían de cuclillas a espaldas del árbol. Se conocía por la propia vivencia y por dichos de los más sabidos, que el desarrollo biológico creó la diferenciación entre machos y hembras y la reproducción sexual y que luego la sociedad fue creando ciertos roles sociales.

Alguna vez aparecía un niño amanerado, al que se lo llamaba fresco; éste ya algo mayor trabajaba, no en el campo, sino en labores de la casa, ayudante de cocina, de panadería y limpieza; se consideraba que había nacido desviado pero eso no lo humillaba ni discriminaba, otros nacían chuecos o bizcos, era un problema de la naturaleza.

En esta cultura antigua del mundo de lo natural y del sentido común, lo importante era el resultado, no el sexo de quien producía algo; por ejemplo celebrábamos un buen locro y no importaba si lo cocinaba un hombre, una mujer o un fresco, lo que importaba era su buena sazón y así en delante.
Ahora se ideologizan al extremo las cosas, lo que lleva hacia una forma de tiranía de minorías que quieren imponer su particular punto de vista. 

De la cultura biológica a la moderna identidad de género
En nuestra historia biológica, luego que nuestra especie baja de los árboles y empezamos a caminar erguidos, la pelvis se hizo más estrecha y asimismo el canal de parto, por lo que este tuvo que producirse antes de que madure el feto y de que nuestra cabeza y cerebro crezcan. Es por esto que nacemos inmaduros y se requiere de atentos cuidados por varios años y ahí se crean fuertes vínculos emocionales, entre la pareja y con el hijo, y en ese cuidar nace el afecto, el amor y nos hacemos humanos.

Ahora caminábamos mirando al frente y veíamos el mundo de otra manera y en este nuestro caminar, adoptamos roles diferentes según los dones de la naturaleza y aprovechando las ventajas comparativas. Así se dio el rol del macho cazador y recolector que fabrico armas y medios de transporte y el de las hembras que por las limitantes de la maternidad hacen su vida más sedentaria alrededor de hogar, lo que les permitió el descubrimiento de la agricultura y artesanía.

Se reconoce que las personas son diferentes biológicamente por su sexo y esto es bueno de ver en la vida íntima, privada y social, pero no en el ámbito profesional y político, donde sobre el sexo debe primar la idoneidad profesional.

En estos tiempos del posmodernismo, algunos ya no se definen por su ser biológico sino por sus circunstancias y su entorno y consideran que la vivencia interna e individual, tal como cada persona la siente, define el género el cual podría corresponder o no con el sexo biológico. Ahora ya se habla de más de doscientos géneros opcionales y van aumentando.

Al respecto, hace un tiempo leímos en la prensa que en un concurso de belleza de Miss España se eligió  a una persona no biológicamente femenina, sino fabricada por los cirujanos; quitando algo de aquí, como bolas y pene y poniendo algo por allá, como tetas y nalgas de silicona; pero al escucharla oímos su inconfundible voz de macho ibérico; esa persona no es una mujer y menos podría ser una Miss Universo.

Los cirujanos más hábiles podrían promover una Miss Silicona, para dar a conocer su pericia y satisfacer los gustos del cliente.
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viernes, 5 de octubre de 2018

CUENTOS DE GUERRAS ANDINO AMAZÓNICOS CON CARAJAZOS Y FLECHAS



Ovidio Roca

Todo depende del cristal con que se mira o del interés de aquel que mira. La clase gobernante y por tanto el Gobierno de Bolivia localizado en la cordillera andina, era y es extractivista y centralista y vivía y vive básicamente de los minerales y de los indios.

Pese a contar con una extensa costa sobre el Océano Pacifico, por la pobreza del país y su escaza población, no la ocupaba y la riqueza existente de guano y salitre era explotada por empresas inglesas asociadas con otras chilenas.
Posteriormente Chile alegando problemas impositivos sobre el guano y salitre, demanda a Bolivia y luego lo hace más expeditivo, más fácil e invade el territorio boliviano y a pesar de recibir unos carajazos, se lo anexa, continua hasta Lima y la ocupa por un tiempo.

Desde siempre, por facilidad y menor distancia, Bolivia realizaba sus exportaciones de minerales por el puerto peruano de Arica, actualmente sigue haciéndolo así pero ahora el puerto es de Chile.

Por su vez, debido a su situación geográfica los cruceños y benianos siempre aspiraron a salir al mar por el Amazonas o el Río de la Plata. Dionisio Foianini en las negociaciones después de la guerra del Chaco negoció y consiguió una franja de territorio, un triángulo, sobre el río Paraguay que ahora es el de Puerto Busch, un proyecto estratégico que duerme hace muchos años.

Para el Gobierno andino centralista, el resto del país era y es monte y culebras. Vale recordar que la única batalla que ganó el país fue la de los barraqueros bolivianos en defensa de sus áreas gomeras, contra los siringueros brasileños. La Columna Porvenir organizada por los gomeros rescatan las barracas y finalmente con los flechazos de Bruno Racua recuperan hace 116 años, el 11 de Octubre de 1902, la Barraca Bahía, hoy Cobija capital de Pando.

Después de las escaramuzas y cuando finalmente intervienen el gobierno boliviano y brasilero, se lo hace para negociar y vender al Brasil el territorio del Acre, pues estaba muy lejos de La Paz.

La historia mundial nos enseña que las tribus y naciones se repartieron el territorio del planeta mediante guerras, invasiones, rapiñas, enfrentamientos y durante mucho tiempo los límites entre los territorios fueron móviles e inestables; recién a fines del último siglo éstos se estabilizaron y para consolidarlos los Estados crearon instancias internacionales, que buscan dar solidez jurídica a los mismos. El fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya, sobre el diferendo de Bolivia con Chile sigue esta lógica.

No interesa el sentido de justicia sino el del orden; de lo que se trata es de mantener y garantizar la estabilidad de los territorios nacionales y evitar permanentes pugnas y reclamos, pues si no se garantiza esto se daría paso por ejemplo a que los mejicanos reclamen el casi medio territorio que le arrebataron los gringos, o surgirían cientos de problemas en Europa por las innumerables rapiñas territoriales a las que todos estuvieron sujetos, para no hablar de África y la India.

Por tanto el fallo de la CIJ refleja una realidad internacional y aunque sabemos que es injusto pues lo analizamos como una rapiña que se hizo de nuestro territorio y que la guerra de conquista consolidó, tenemos que convenir que así nomás había sido. Lo primordial para el mundo es el orden internacional, pues finalmente se trata de no afectar la Seguridad Jurídica de los Tratados Internacionales vigentes y mantener el statu quo y el orden.

El enfoque de nuestra demanda ante la Haya fue político y más orientado a mantener un estatus quo y vigente al enemigo chileno causante de nuestros males y pobreza y esto es más importante que buscar una solución pragmática de transporte, de logística, de economía hacia las rutas marítimas internacionales y ahí nos fue.

En el mundo moderno una controversia territorial cómo ésta se enfocaría desde el punto de vista de los negocios, que es una acción en la cual las dos partes ganan. Se trata entonces de asociarse en un negocio de servicios de transporte y para satisfacer nuestro orgullo y frustración, comprar una pequeña área a la orilla de mar y negociar soberanía para este enclave. En este espacio se pone una embajada, bandera, una suite para el Jefe, oficinas aduaneras y unas tumbonas en la playa. Por supuesto hay que trabajar en otras alternativas de transporte para evitar depender de un monopolio; tenemos la salida por el Perú al Pacífico y por Puerto Busch al Atlántico

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viernes, 24 de noviembre de 2017

Tristán Roca y el consenso popular lopista


Tristán Roca y el consenso popular lopista
28 DE AGOSTO DE 2016
* Investigador - Filosofía UNA
El escritor y periodista Tristán Roca Suárez (Santa Cruz, Bolivia, 1826 - San Fernando, Paraguay, 1868), fundador y director del primer periódico cruceño, La Estrella del Oriente, fue diputado y prefecto de su ciudad natal hasta que, exiliado por motivos políticos, llegó a Paraguay –donde dirigió El Centinela– hace ciento cincuenta años, en medio de la Guerra de la Triple Alianza, para cumplir un interesante y decisivo papel en la historia de nuestro país, en el que murió fusilado.
Hace ciento cincuenta años, en un momento clave de la Guerra de la Triple Alianza, llegó a Asunción, a mediados de 1866, el doctor Tristán Roca, político e intelectual boliviano. Tras la victoria de Curupayty en septiembre, las acciones bélicas estaban en una fase de letargo, con el prestigio de Mitre deshecho y agudos conflictos entre los líderes militares aliados, incluso entre Caxias y el comandante de la armada brasileña, Tamandaré. Entre tanto, López necesitaba encontrar un modo de conseguir que sus soldados siguieran desafiando su casi inevitable destino. Roca, que tenía experiencia de periodista en su Santa Cruz natal, publicó en El Semanario, el periódico oficial paraguayo, una elogiosa crónica del triunfo en Curupayty que le valió el acercamiento al presidente, con quien empezó a discutir sobre estrategias políticas.
El Mariscal era consciente de que estaba ante una nueva etapa en la guerra. Había pasado la euforia de la oligarquía comercial, que se había ilusionado en la fase ofensiva en Corrientes, Mato Grosso y Uruguayana y ya era parte de un plan definitivamente abandonado. Por otra parte, si bien se habían detenido las acciones bélicas de la Alianza, también los intentos de mediación, de Chile y luego de Estados Unidos, para poner fin a la guerra habían quedado por el camino. Urgía un nuevo plan. Y allí entró la figura clave del doctor Tristán Roca, que, con su experiencia como prefecto y líder de la Sociedad Progresista de Bolivia, pasó a integrar el selecto grupo de asesores políticos de López junto con el canciller José Berges, Natalicio Talavera, Aveiro, director del archivo nacional, el inglés Thompson y los generales Barrios y Díaz.
Tanto en Asunción como en Areguá y hasta en el cuartel general de López en Paso Pucú, Roca mantuvo una intensa actividad que le permitió conocer profundamente el pensamiento de los principales actores políticos del país. Supo de los anhelos de la burguesía asuncena de comerciar los principales productos del país –yerba mate, algodón, madera, ganado– en los mercados internacionales, y de su desacuerdo con la continuación a cualquier precio de esta guerra totalmente opuesta a sus intereses, y conoció las primeras disputas por el poder.
Pero, sobre todo, como Talavera y Berges, entendió que se debía lograr el consenso entre las clases populares, los soldados del frente de batalla, las mujeres del campo que seguían produciendo alimentos, los trabajadores del ferrocarril, los de la fundición, los marineros, los artesanos que seguían fabricando desde ropas hasta ácidos de apepú para los telégrafos. Comprendió que había que apelar a esa población, ajena a posibles negocios en el mercado internacional, sin ningún interés en trabajar en los yerbales ni en las estancias particulares y que luchaba por conservar su porción de tierra en la que seguir cultivando, sus animales domésticos y su producción alimentaria familiar, sin otras pretensiones monetarias. Por esa peculiaridad de Paraguay peleaban. Esa era la gente a la que debía llegar el nuevo mensaje.
La inesperada muerte del general Díaz apresuró la necesidad de llevar información a las trincheras. Entre abril y julio de 1867, en plena guerra, surgieron cuatro periódicos: El Semanario, El Centinela, El Cabichuí y El Cacique Lambaré. Por primera vez circulaban en Paraguay periódicos ilustrados y periódicos en guaraní. Roca era formalmente el director-responsable de El Centinela, que apareció el 25 de abril de 1867, definido como «serio-jocoso» y dirigido ya a ese nuevo público de trinchera para buscar la cohesión de las clases subalternas de Paraguay.
Cada uno de los cuatro periódicos tenía sus propios objetivos. El Semanario, vocero del Gobierno, dedicado a noticias y novedades formales, apuntaba a la élite de Asunción. El Centinela, con sus grabados y análisis, también se dirigía a ese público, pero la inclusión de páginas en guaraní denotaba ya la intención de llegar a otro sector. El Cabichuí, totalmente satírico y con innovadores grabados anónimos de artistas del frente de batalla, apuntó a lo más profundo del combatiente y su familia. Finalmente, El Cacique Lambaré, totalmente en guaraní, completó la estrategia comunicativa de ese particular Estado Mayor de López, con Tristán como principal asesor.
Ese grupo trazó una estrategia para comunicarse con los sectores populares realmente nueva y definió perfectamente el objetivo de llegar con un nuevo mensaje a nuevos sectores y no ya solo a los lectores de Asunción. El análisis de la necesidad de fortalecer el consenso popular en torno al presidente, de lo imperioso de buscar el apoyo popular a los posibles grandes sacrificios que se avecinaban, supuso una tarea fenomenal en la que posiblemente el doctor Roca tuvo un papel destacado.
De ninguna manera cabe deducir, de la adopción de esta nueva estrategia política, que López repentinamente se interesara por estos sectores en un acceso de sensibilidad social; sí manifiesta una consciencia de las contradicciones existentes desde hacía más de veinticinco años entre las aspiraciones populares y las de la élite comercial y ganadera que poco a poco se iba convirtiendo en propietaria de grandes extensiones de tierra. Contradicciones que el doctor Roca, con su experiencia en Bolivia, y también en Brasil, donde había vivido exiliado, supo reconocer. Roca también sabía que en Argentina, desde la dictadura del general Rosas, se planteaba la necesidad de despojar de sus tierras a los indígenas para lograr un aumento doble, de propiedad y de mano de obra, dos elementos indispensables para una economía en expansión. De modo similar, contratar trabajadores siempre había sido difícil en Paraguay por la preferencia general de trabajar en la tierra propia, en la propiedad familiar.
Con la muerte del general Díaz, y la de Natalicio Talavera, afectado por la epidemia de cólera en el frente, la capacidad de análisis del grupo asesor se vio muy disminuida. Y, al ser descubierta la conspiración contra López, Berges, el general Barrios y el doctor Roca fueron detenidos y fusilados.
Al caer presos los principales miembros de la oligarquía asuncena, los sectores populares no reaccionaron ni los defendieron, sino que apoyaron al Mariscal. Por una curiosa ironía del destino, esa fue la mejor prueba de su excelente trabajo de comunicación, que había logrado formar un consenso popular lopista en contra de la élite comercial.
 NOTAS RELACIONADAS
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miércoles, 26 de abril de 2017

JUSTO BAZÁN

Ovidio Roca
Cuentos de Pueblo

Como todos los que vivimos en Santa Cruz en los años cincuenta, yo también conocí a Justo Bazán, lo veía por la Plaza principal y el Mercado Nuevo de la calle Sucre, con su sombrero y saco blanco cuchuqui, vendiendo periódicos, lotería y el Bristol, que servía para conocer el pronóstico  del clima para todos los meses del año y también para poner nombres a los niños, siguiendo el Santoral que estaba incluido.

Comía donde podía y especialmente en un café restaurante que quedaba al lado del Correo Central en la Plaza Principal (esquina Ayacucho e Independencia). Llegaba y pedía: “marche un plato de Ñ y S” (ñervos y sobras).

Él era un verdadero Republicano, admirador de Napoleón y fanático de Francia y su  Revolución. Un día caminaba por la Plaza 24 de Septiembre, en la vereda de la Alcaldía y vio pasar a una señora que le caía antipática y a su paso gritó muy fuerte: “vieja rancia”. La señora que tenía influencias se consiguió un paco y fue tras Bazán para meterlo preso. Él se defendió diciendo: esta vieja es sorda y mentirosa  yo no dije vieja rancia, yo grite “viva Francia”.

El 17 de Octubre del 2002 se estrenó la obra teatral de Gonzalo de Córdoba: “Justo Bazán, el hacedor de sueños” en la sala de bolsillo Casateatro (Calle Junín, frente al Correo nuevo), una obra que recrea la vida de este loco insigne.


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viernes, 24 de febrero de 2017

APUNTES PARA UNA HISTORIA ALTERNATIVA DE MOJOS Y CHIQUITOS


La emergencia de una ciudad de frontera
Santa Cruz de la Sierra emergió como una ciudad de frontera hace más de cuatro siglos y, después de numerosos traslados, vino a recalar en un paraje donde comienzan las tierras bajas del Oriente de Bolivia, al pie de las últimas estribaciones de la Cordillera Oriental de los Andes.
Durante la época colonial y republicana, la villa permaneció en el más completo aislamiento de la que fue la célebre Real Audiencia de Charcas y, a partir de 1825, de la nueva República de Bolivia, por falta de vías de comunicación y de mercados para su producción.
Quienes colonizaron el oriente de Bolivia, vinieron de Asunción del Paraguay. Estos fueron avezados aventureros españoles y de otras regiones de Europa, que luego de fallidos intentos por establecerse en lo que hoy es Buenos Aires, debido a la ferocidad de los nativos, arribaron el río de la Plata y el río Paraguay y llegaron a la tierra de los guaraníes. La plata, objeto de su temeraria aventura, solo la habían conocido por noticias llegadas de lejanos confines andinos, de ahí que el nombre de Río de la Plata resulta una cruel ironía, para quienes que tuvieron que conformarse con la colonización de un territorio selvático, desprovistos de riquezas mineras.
La Gobernación de Moxos, creada en 1560 y ubicada en el centro del continente, lejos de todas partes y más todavía de las costas marítimas del Atlántico y del Pacífico, carecía de la riqueza minera andina y menos aún de la sumisa mano de obra indígena, pues los nativos de esta ignota región estaban dispersos en múltiples tribus, mayormente nómadas y hostiles, no acostumbrados al trabajo sedentario.
Santa Cruz de la Sierra, capital de la Gobernación, se funda en 1561 en lo que es hoy en día San José de Chiquitos y sus pobladores, llegados por el río Paraguay e ingresando por los míticos Xarayes, por la actual laguna La Gaiba, inmediatamente avanzan en procura de la Sierra de la Plata, siendo detenidos en el río Grande por otros españoles que ya dominaban el Alto Perú. Bajo estas circunstancias no les queda más que asentarse en el centro de la llanura Chacobeniana, soñando con El Dorado y haciendo esporádicas incursiones a Moxos y el Chaco, donde solo encuentran la feroz resistencia de tribus indígenas indomables, como los chiriguanos.
Desde el inicio de su precario asentamiento en el Sutó, los cruceños habían logrado de la Corona española todo un conjunto de libertades y exenciones, de manera que prácticamente se consideraban autónomos, empezando por elegir a su propio Gobernador, Alonso de Mendoza, tras la muerte de su líder y fundador, el capitán Ñuflo de Chávez, exactamente igual que años antes habían encumbrado en Asunción a Domingo Martínez de Irala, en desmedro de Alvar Núñez Cabeza de Vaca, enviado por el Rey de España para suprimir la anarquía reinante en la remota colonia paraguaya.
Es por esto que, siglos más tarde,  ante la disputa de poderes que trajo la revolución emancipadora americana, ellos prefirieron a un Rey lejano que no les gobernaba, que al autoritarismo de los criollos rebeldes que pregonaban la promesa de una Patria independiente, pero ausente y lejana. Bajo esta lógica, en los avatares de 15 años de guerra por la independencia los cruceños inicialmente transitaron más hacia el bando realista que al republicano, en la celosa defensa de su autonomía.
Tradición de autogobierno e identidad cruceña
Bolivia se constituyó en 1825 en base a una inicial confederación de provincias autónomas, que optaron por constituir un Estado Nación en los territorios que habían pertenecido a la Real Audiencia de Charcas. Durante tres lustros de lucha fratricida, desde el primer grito emancipador lanzado en Chuquisaca el 25 de mayo de 1809, y tras una sucesión de sangrientas victoria y derrotas de patriotas y realistas, la población de Santa Cruz de la Sierra fue ocupada reiteradas veces por las tropas de ambos bandos, quedando finalmente adherida a la causa rebelde. 
En 1813 Manuel Belgrano comanda el ejército del Alto Perú desde Potosí, y combate a las tropas realistas. Belgrano nombra gobernadores de Cochabamba y Santa Cruz de la Sierra a Juan Antonio Álvarez de Arenales e Ignacio Warnes, y en Chuquisaca goza de la ayuda del poderoso capitán Cumbay.

Ignacio Warnes, enviado por Belgrano desde las Provincias Unidas del Río de la Plata, en plena guerra por la Independencia, ocupa Santa Cruz de la Sierra en 1813 con su batallón de pardos sublevados y muchas familias cruceñas huyen hacia Portachuelo. Entre tanto el brigadier Aguilera, cruceño de nacimiento y leal realista, defiende los intereses de su pueblo y enfrenta a Warnes derrotándolo en el Pari en 1816. Lo extraño es que la historiografía cruceña, influenciada por la docta Charcas, ensalza a un invasor extranjero, Ignacio Warnes, y desmerece al verdadero patriota cruceño que fue el Brigadier Francisco Xavier Aguilera.

Triunfantes las tropas de la Gran Colombia y ante la inminencia de la conformación de una nueva República, los representantes cruceños deslumbrados por la Audiencia de Charcas, su Universidad y las riquezas de Potosí, en 1825 optan por unirse al proyecto independentista de las provincias del Alto Perú. Los delegados de Santa Cruz y Vallegrande que viajan a Charcas, Seoane y Caballero, respectivamente, quienes llegan después de haberse realizado la Asamblea fundacional, nos incorporan de hecho a la naciente República de Bolívar. No participan, y por ende no se adscriben, Moxos, Chiquitos ni Cordillera.
Luego de la independencia, la inmensa y despoblada región de los llanos orientales, que tenía como principal núcleo urbano a la diminuta “ciudad andariega” de Santa Cruz de la Sierra,  siguió enclaustrada durante décadas en su crónico aislacionismo y lo único que conoció de la república minera de occidente fue el arribo de los Prefectos enviados desde el Gobierno y de los opositores exiliados periódicamente por los regímenes de turno.
Santa Cruz -esencialmente Mojos y Chiquitos- fue fundada por pioneros, navegantes de la selva, los que en el centro de Sudamérica construyeron una sociedad mestiza y una historia común, con sus héroes, tradiciones, símbolos y ritos que encarnan la identidad espiritual de la cruceñidad a lo largo del tiempo.
De esta manera, durante más de cuatrocientos años, la sociedad cruceña y oriental fue conformando su particular cultura y psicología, amalgamando en un continuo mestizaje racial y cultural la herencia española y las costumbres de los pueblos indígenas. Durante este largo periodo se construyó una historia colectiva, una particular forma de hablar, una serie de valores y principios compartidos y una profunda tradición religiosa, así como peculiares formas solidarias de relacionamiento social. Son parte de esta cultura e identidad oriental los símbolos, mitos, leyendas y festividades, así como la música, la gastronomía, y todo ese bagaje cultural que constituye la argamasa para cimentar la conformación de un estado federal cruceño -y su reiterada reivindicación a lo largo del siglo XIX- al interior de una anhelada confederación de estados de Bolivia.
Una economía autosuficiente ansiosa de integración
En esa época Santa Cruz se autoabastecía totalmente de productos agrícolas y ganaderos. Se producía azúcar, alcohol, arroz, maíz, yuca, plátano, chocolate, tabaco, goma elástica, ganadería y otros productos eminentemente agropecuarios, limitando su producción al tamaño de su propio mercado, pues por la ausencia de vías camineras y por los altos costos de transporte no tenía posibilidad de acceder a otros bienes y servicios, ya sea del país o del exterior. Esta situación es la que impulsó muchos años más tarde a la Sociedad de Estudios Geográficos e Históricos a presentar el Memorando de 1904, sobre la urgencia de una vinculación ferroviaria con el occidente del país.
Con la llegada del ferrocarril al Macizo Andino, desde la costa del Pacifico (Antofagasta) hasta Uyuni en 1880, la producción cruceña fue totalmente desplazada por los productos que llegaban de Chile y Perú, mucho más baratos y prácticamente sin costo de transporte. Recordemos que este ferrocarril fue construido para llevar los minerales a la costa, y de retorno venían los vagones vacíos; por lo que los fletes prácticamente gratuitos, permitían traer productos para el mercado de las minas y centros poblados de occidente.
Santa Cruz en esa época tenía poco menos de diez mil habitantes, los que quedaron súbitamente sin ingresos para importar algunos productos esenciales y cundió en ellos la desazón. Afortunadamente pronto llegaron noticias de nuevas oportunidades de trabajo con el descubrimiento de quina y goma elástica en la llamada Hylea amazónica y en consecuencia gran parte de la población cruceña, ilusionada por encontrar mejores horizontes, se aventuró hacia esas ignotas regiones. Familias enteras avanzaron por los ríos, las pampas y los montes, fundando y poblando a su paso pueblos y villorrios. Construyeron barracas, “defumaron” goma y la llevaron hasta Europa; otros criaron ganado, hicieron charque, chive (moincho), empanizado; cultivaron maíz y arroz y lo vendieron a las barracas.
La vinculación con Beni y Pando
Durante esa época la vinculación con el Beni y los gomales se la hacía mayormente por sendas y a caballo, con carretas de bueyes y luego con batelones y lanchas a vapor que partían del Puerto de Cuatro Ojos en el río Piraí. Estas navegaban por el Mamoré hacia el Beni donde se desarrollaba el lucrativo negocio de la producción gomera.
Cuatro Ojos era el rústico astillero y embarcadero de José Sciaroni, que se encontraba más allá de Portachuelo, camino hacia Santa Rosa del Sara, pasando por Palometas, Asubí Grande y finalmente al río Piraí, que luego desemboca en el río Grande o Guapaí (río de los guapá), el cual se une al Mamoré, luego al Madera y finalmente al Amazonas.
Las empresas de transporte Zeller Rosler-Villinger & Cia; R. Barriga & Cia; Voss & Stofen contaban con lanchas de vapor que navegaban tanto hacia el Beni por los ríos Grande y Mamoré -Trinidad, Santa Ana, Guayaramerin- como desde Puerto Suarez hacia Asunción y Buenos Aires, por el río Paraguay y el Río de la Plata. Los principales comerciantes cruceños por esta vía eran Crisanto Roca Pinto, Saturnino Saucedo, Manuel Peña, Pedro Vega, Elías Antelo y la sociedad Morales & Bertram.
Durante el auge de la goma Santa Cruz se desvincula económicamente del altiplano minero y esto se confirma en el Almanaque Guía de Santa Cruz, redactado y editado por Luis Lavadenz y publicado el año 1903, pues en ninguna parte del mismo se menciona empresa de transporte alguna hacia el altiplano.
Las representaciones diplomáticas y su localización también reflejan el flujo y dirección del comercio y de la economía regional. Se establecen  en Santa Cruz  consulados de España, Méjico, Francia y Perú; en San José de Chiquitos el viceconsulado del Brasil y en Portachuelo el viceconsulado de Argentina.
A inicios de 1900 la población de Santa Cruz era de 166.000 habitantes y estaba distribuida uniformemente en sus distintas provincias: Santa Cruz y Cercado, con 38.000 habitantes; Valle Grande 38.000; Cordillera, 28.000; Velasco 28.000; Sara 25.000 y Chiquitos 9.000.
A mediados del siglo diecinueve, pese a tener pocas haciendas y también escasa mano de obra, Santa Cruz se convierte nuevamente en un activo suministrador de productos para las minas del sur del Altiplano, a las que abastecen con azúcar, hilados y tejidos de algodón, charque, cuero curtido y artículos de cuero, como arneses lazos, botas y calzados.
Los artículos de cuero eran muy importantes porque, además de ser comercializados en el mercado nacional, también eran valorados en el norte argentino. Es el tiempo en que también se ensayan otras exportaciones de materias primas como la quina, la goma, la castaña y la madera. Sobre todo la goma tendrá un inusitado auge a partir de 1876 con lo que se logran consolidar grandes fortunas de emprendedores como Antonio Vaca díez, Nicolás Suárez, Nicanor Salvatierra y Antenor Vásquez, todos vinculados a los mercados europeos.
El auge de la goma y de la cascarilla
Entre los años 1860 y 1880, emprendedores yungueños y cruceños se dirigen al Beni en busca de nuevas oportunidades de negocios, inicialmente con la cascarilla. Hacia 1870, Nicolás Suárez y Augusto Roca Pinto ya estaban establecidos en Reyes, como socios en una casa comercial dedicada a estos negocios. Por el mismo tiempo llegaron allí empresas mercantiles como la Casa Braillard, Zeller & Roessler y otras reconvertidas a la goma desde la explotación de la quina o cascarilla, como la Casa Richter.
Las noticias de la explotación de estos productos que gozaban de gran demanda internacional y buenos precios, incentiva a los cruceños a explorar su territorio, los que a partir de 1870 empiezan a poblar lo que actualmente ocupan los departamentos de Beni y Pando, en busca como de El Dorado o el Gran Paitití, al igual que sus antepasados. Más del sesenta por ciento de la población de Santa Cruz parte a la aventura gomera y solo quedan los niños y ancianos en el pueblo. El boom gomero termina alrededor del 1920 y muchas familias retornan nuevamente a Santa Cruz, algunas con sus “cachas” llenas de libras esterlinas, dejando centros poblados y su descendencia a lo largo de todo ese extenso territorio amazónico conformado actualmente por Beni y Pando.
El capital gomero será el promotor de la instalación de muchas casas comerciales europeas, en especial alemanas, que trasladan el capital logrado en el Beni a la ciudad de Santa Cruz. Se destacan los inmigrantes Francisco Treu, Alberto Natush, Jorge Banzer y el austríaco David Cronenbold. Las casas comerciales de estos europeos traerán como empleados a otros extranjeros que luego harán fortuna, entre ellos Emilio Zeller, Felipe Schweitzer, Otto Kenning, Juan Elsner y Carlos Seiler. Los principales empresarios comerciantes cruceños eran Crisanto Roca Pinto, Saturnino Saucedo, Manuel Peña, Pedro Vega, Elías Antelo y la sociedad Morales & Bertram.
Estas casas comerciales controlaron el comercio oriental hasta a inicios del siglo XX, sobre todo con la importación de artículos suntuarios para los ostentosos nuevos ricos de la goma. Tenían, además, otra importante fuente de ingresos en los créditos y consignaciones, así como en la provisión de alimentos, pertrechos y dinero a los enganchadores de mano de obra para la explotación del caucho. También contaban con navíos, puertos y astilleros con lo que controlaban el transporte fluvial de la goma.
Esa red de exportación de goma e importación de bienes europeos, que tenía una larga ruta desde la Amazonía hasta los puertos europeos y norteamericanos, requería de despachantes, intermediarios y firmas proveedoras de mercaderías, así como de un sistema de transacciones monetarias a través de letras de cambio (el primer banco que llega a la región lo hace en 1912). La hegemonía de este proceso estará en manos de capitales alemanes hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial.
Los alemanes afincados en Santa Cruz, pronto se vincularon mediante matrimonios con la vieja élite hispana. A ellos se unirán, aunque en menor medida, otros inmigrantes procedentes de Italia, como José Bruno, Vito Catera y Dionisio Foianini. Ya entrado el siglo veinte llega de la Europa oriental Mateo Kuljis y otros inmigrantes de origen croata.
La primera formación de capital y la Ruta Atlántica
Los excedentes económicos de la explotación del caucho que se vuelcan hacia la ciudad de Santa Cruz permiten financiar un activo comercio de importación, tanto el que se realiza por la ruta del Amazonas-Madera-Mamoré, como el que se desarrolla desde Puerto Suárez por la Hidrovía Paraguay-Paraná, ambas vías orientadas decididamente hacia el Atlántico.
Para entonces Santa Cruz ha dado definitivamente la espalda al occidente y la pérdida del Litoral sobre la costa del Pacífico, así como la de los mercados andinos para sus productos, llevó a los cruceños a buscar la Ruta Atlántica por las cuencas hidrográficas del Amazonas y del Plata. En realidad, desde tiempos coloniales los habitantes de las tierras bajas del oriente de Bolivia miraron la costa atlántica como el rumbo natural para sus contactos e intercambios con el mundo exterior.
De esta manera, desde la urbe cruceña exploradores y emprendedores orientales se lanzaron a la empresa de ocupar, poblar y activar económicamente regiones inmensas del territorio nacional hasta entonces desconocidas, por esas grandes avenidas de la selva que eran los grandes ríos que desde las cumbres y valles de los Andes recorrían las entrañas del continente buscando la salida al mar.
Hacia el Norte, los primeros establecimientos gomeros estaban establecidos en el curso medio del rio Beni, a la altura de Reyes, por lo que el transporte de la goma hacia el amazonas y ultramar, se realizaba primero en carretones con bueyes, cruzando las pampas hasta llegar al Santa Ana del Yacuma, para de allí continuar en canoas y batelones por el rio Mamoré y el Madera. Esto llevó a muchas familias cruceñas a establecerse en Santa Ana, dedicándose a la ganadería y agricultura para abastecer a las barracas gomeras. Son los Cuellar, Suarez, Roca, Franco, Chávez, Carvalho, Arauz y varias otras.
Recién en 1880 el explorador Edwin Heath descubre y confirma la confluencia del río Beni con el Mamoré. Las ventajas de esta nueva ruta para la empresa gomera fueron inmediatas. Nicolás Suarez tomo posesión de la Cachuela Esperanza en el rio Beni, controlando desde ella el flujo comercial de la goma boliviana hacia el Amazonas y Europa.
Pasado el auge de la goma, algunas de estas casas comerciales diversificaron sus inversiones e incursionaron en la agricultura y la ganadería. Es importante señalar que en la primera mitad del siglo XX la tierra casi no tiene valor comercial en Santa Cruz, por su total aislamiento del mercado interno y externo. Esta situación cambiará a partir de 1953 cuando el Estado central vertebra mediante carretera el occidente minero con el oriente agropecuario y se invierte en la producción agroindustrial, ingenios azucareros, créditos y maquinaria.
El Ferrocarril Madera-Mamoré
Un proyecto emblemático de la aspiración cruceña para consolidar una salida al Atlántico fue sin duda la construcción del ferrocarril Madera-Mamoré para eludir las peligrosas cachuelas que obstaculizaban la navegación comercial en las gargantas del Madera, para acceder al Amazonas.
La Empresa Church, como era denominado el ambicioso proyecto vial del empresario norteamericano que en la segunda mitad del siglo XIX se comprometió con los Gobiernos de Bolivia y Brasil a construir un ferrocarril entre San Antonio y Guayaramerin, había despertado el interés y entusiasta apoyo de Santa Cruz, Beni, Cochabamba y algunos círculos influyentes de la sociedad boliviana, regiones que serían directamente beneficiadas al salir de su letargo secular gracias a la apertura de gran una ruta comercial, sin parangón en la historia desde la fundación de la República.
Church calculaba con absoluta certeza que por lo menos tres cuartas partes del comercio de Bolivia se haría por fuerza a través del ferrocarril Madeira-Mamoré, porque todos sus grandes ríos navegables convergen a este estratégico punto del Madera. Sus estimaciones no dudaban en calcular las exportaciones de mercancías bolivianas hacia Europa y Estados Unidos en más de 20.000 toneladas de quina o cascarilla, cueros, caucho, tabaco, madera, azúcar, café, cacao, lanas, algodón, plumas exóticas y apetecidas especias, además de oro, plata, cobre y otros minerales. En tanto que las importaciones de maquinaria y herramientas, hierro y acero, textiles y otras manufacturas llegarían a las 15.000 toneladas en el primer año de operaciones del ferrocarril.
Por ello, pese a los enormes obstáculos y avatares políticos y legales, el proyecto de George E. Church mantuvo a lo largo de una conflictiva década la esperanza de muchos bolivianos que lo apoyaron incondicionalmente, pese a la inconsecuencia y la errática conducta de los gobiernos que se sucedieron en el país al calor de los cuartelazos y golpes de Estado.
El explorador Manuel Macedonio Salinas, abierto opositor a la brutal dictadura de Melgarejo, supo reflejar el sentimiento prevaleciente entre los intelectuales bolivianos de fin de siglo respecto al gran proyecto: “El ferrocarril del Madera-Mamoré será un gran acontecimiento que transforme la faz de varias naciones, especialmente del Brasil y de Bolivia… La imaginación se sorprende con la expectativa de un grandioso porvenir, en un país de inmensa superficie y asombrosa exuberancia que produce espontáneamente los más nobles frutos destinados ahora a perecer donde nacen; un país tan rico que según Castelnau abraza todos los grados de la escala vegetal del mundo; un país en el que se encuentran todos los climas y se producen desde la gramínea hasta los grandes monumentos de la vegetación… este país será pues el plantel del más activo comercio que al fin se hará universal.”
De igual manera, cinco años más tarde, el célebre explorador James Orton manifestaba su optimismo por los resultados del proyecto durante un largo viaje por el Amazonas con estas palabras:
“La ejecución de esta ferrovía removerá el gran obstáculo al desarrollo de medio millón de millas cuadradas de un bello país (Bolivia) y se convertirá en un gran impulsor del comercio con los Estados Unidos, ya que cada uno tiene lo que el otro necesita: Bolivia requiere de maquinaria, herramientas y trabajadores calificados y nosotros necesitamos la corteza de la quina, el café y el cacao, valiosos productos que hoy deben trepar las montañas de La Paz, cruzar el desierto del Pacífico y rodear el Cabo de Hornos a un costo promedio de $us. 200 la tonelada.”
El proyecto de George E. Church naufragó, principalmente debido a la mortandad entre los trabajadores causada por la Malaria y a las desinteligencias de Church con el Gobierno boliviano, con la empresa inglesa Public Works Co. y con los accionistas británicos que financiaron la obra.
Pero después de casi cuatro décadas de intentos fallidos, el gran proyecto se hizo realidad: el 1º de agosto de 1912 la ferrovía fue oficialmente inaugurada con el pitazo de la humeante locomotora a vapor arrastrando sus vagones en medio de la selva, con los empresarios y autoridades contemplando complacidos la proeza de haber sometido a la Naturaleza con el tendido del fulgurante camino de hierro. No sospechaban que en poco menos de un año de operación aquel regocijo no tendría más sentido.
La apertura del Canal de Panamá y la construcción del ferrocarril Arica-La Paz había abierto una ruta de transporte hacia ultramar mucho más corta para Bolivia, quitando al proyecto amazónico una de sus principales justificaciones para existir.
Por otra parte, coincidiendo con la conclusión de las obras se produjo la caída del precio del caucho en el mercado internacional, tornando la ferrovía en un esfuerzo inútil, al desaparecer la motivación principal que había llevado a tan persistente empeño. Más 3.000 trabajadores de todo el mundo habían perdido la vida en aquellos remotos parajes durante los últimos cinco años de construcción de aquella magnífica obra de ingeniería, cuyo costo se estimaba en más de 28 toneladas de oro, equivalente a unos 33 millones de dólares, según los valores de la época.
Nuevo auge gomero
Un nuevo auge gomero se inicia con la Segunda Guerra Mundial (1939 – 1945) y durante la misma, la Argentina es el único país americano que se declara neutral y por tanto un puerto ideal para el abastecimiento de los productos que necesita Alemania. Es así que la producción de goma de la zona de la Chiquitanía, el río Paraguá, el Verde, el Iténez ingresa libremente a este país, más bien ayudados por los argentinos.
La empresa norteamericana Rubber Development y el gobierno boliviano tratan infructuosamente en frenar esta salida de goma a la Argentina, pero el que más y el que menos se da modos para llevar su lonja de goma y es así que se logra la capitalización de algunos personajes con espíritu empresarial, (Gutiérrez, Gasser, Fernández, Banegas y otros) lo que sirve de base para la instalación de  los primeros ingenios azucareros, destilerías de alcohol, fábricas de hielo, maestranzas y curtiembres en Santa Cruz.
La riqueza derivada de la goma permite también que se construyan algunas casas que se distinguen de las una sola planta, construidas de tabique y teja, que eran los materiales básicos de la típica arquitectura cruceña. En la plaza principal: la casa de José Lino Torres (Club Social 24 de Septiembre), El Palace Theatre, la casa de los Gutiérrez (Museo de Historia Regional), la casa de los Ortiz, en la calle 24 de Septiembre y algunas otras edificaciones de mayor porte.
La ruta de la siringa
En el siglo XIX la conexión fluvial de Santa Cruz con el Beni se la hacía por Puerto Paila, en el río Grande. Una crecida registrada en 1825 llevó a las aguas de este río a encontrarse con el Piraí y puerto Paila quedó inutilizado, cediendo al puerto de Cuatro Ojos sobre el Piraí, la función de conectar con Mojos.
Para embarcarse en el puerto de Cuatro Ojos pasaban a ritmo de buey cerca del río Asubicito, luego Santa Rosa del Sara, Palometas y Asubí Grande. Sesenta kilómetros de selva debían atravesar los carretoneros. Cada jornada terminaba con el misterioso canto del guajojó, que aún se oye cerca del río Palacio, que va a sumar su riqueza de peces al ya cargado Piraí, a varios kilómetros de Cuatro Ojos.
Durante las primeras décadas de la era republicana se formó el pueblo de Cuatro Ojos. Hacia finales del siglo XIX o comienzos del XX, llegó un francés de ascendencia suiza e italiana: José Sciaroni Conil, su administrador era un danés, Ángel Bruun. Este camba-francés vio surgir el mayor esplendor de este puerto, cuando llegó a tener 2.500 habitantes, cuatro tiendas comerciales y oficina de telégrafo y correo. También se construían batelones (barcazas de regular tamaño) y lanchas, impulsadas por diestros remeros indígenas, en gran demanda por el movimiento comercial que se había generado.
Los productos de Santa Cruz llegaban hasta Mojos: arroz, charque, maíz y azúcar abastecían esas remotas regiones y terminaban en las barracas de los siringueros que explotaban la Hevea brasiliensis.
Carlos Cirbián documentó que los comerciantes cruceños iban hasta Belém do Pará, en Brasil, ya en el siglo XVIII, llevando sorgo, aceite de copaibo, cuero y pieles. Regresaban con especias y otros productos de ultramar. Eran conocidas las lanchas a vapor como La Estrella del Oriente de Barriga y Compañía, y el vapor Guapay, de la casa Zeller y Mozer. “En 1899, algunos periódicos anunciaban que ya no había despachos, porque los almacenes de Cuatro Ojos estaban llenos”.
El hecho de que ahí se asentase una Capitanía de Puerto indica la importancia de este punto comercial. Por ahí llegaron las máquinas de Luz y Fuerza y uno de los primeros vehículos que circuló en Santa Cruz de la Sierra.
En 1912 el negocio de la goma llegó a su fin. La planta crecía en la lejana Malasia (por entonces colonia británica), África y Ceilán en las plantaciones que británicos y holandeses habían creado en sus colonias asiáticas. Bolivia, Brasil, Perú, Ecuador y Colombia no pudieron competir con esa producción, más barata y accesible. Lo paradójico del caso es que las semillas fueron llevadas ilegalmente de la misma Amazonía, tal como había ocurrido con las semillas de quina extraídas de Sudamérica, germinadas en los laboratorios botánicos de Kew Gardens en Londres, para cultivarlas comercialmente en el sudeste asiático.
El pequeño puerto de Cuatro Ojos dejó de ser útil y poco a poco las tiendas fueron cerrando y quienes se instalaron en la zona buscaron mejores ubicaciones. Era raro ver navegando a las lanchas que antes surcaban frenéticas las aguas con su carga de azúcar, charque y provisiones.
La pugna por el acceso al mercado interno
La preocupación de los cruceños por el acceso a los mercados de occidente, que permita la expansión de la producción agropecuaria, fue permanente en toda esta etapa y se refleja de manera explícita en el Memorando de 1904, donde se fundamenta: I) las ventajas económicas del ferrocarril, II) Los productos que ofrece el Oriente como la región más rica de Bolivia. III) Los mercados, Inmigración, Colonización; IV) Las ventajas políticas del ferrocarril. Obviamente, sin respuesta alguna del Estado centralista.
En el siglo XIX, el sector dominante de la Bolivia andina tenía enfocados sus intereses en la minería de la plata y para ello activaron un eje económico en torno al altiplano andino, y poco conocían y se importaban de esas lejanas tierras del Oriente y la Amazonia. Las importaciones de artículos y alimentos para abastecer las actividades mineras se realizaban especialmente desde las costas del Pacifico y estas importaciones se facilitan y amplían con la llegada del Ferrocarril desde Antofagasta, al pueblo de Uyuni, a principios del año 1890. Este Ferrocarril llegaba en 1883 desde Antofagasta hasta Pampa Alta, cerca de la frontera con Bolivia. Al poco tiempo se empezó con el diseño y luego la construcción de la trocha hacia Bolivia, llegando el primer tren a Uyuni a principios de 1890 y luego a Oruro en 1892.
Las elites andinas siguen con su negocio de minas e indios y el Gobierno Nacional, desconociendo e ignorando el extenso territorio de las llanuras bajo su administración pierde la mitad del territorio nacional con que nació (poco más de dos millones de Km2) por guerras fallidas y pésimos tratados, muchos de ellos bien remunerados para los negociadores.
Paradójicamente, la historia Moxos y Chiquitos, de Santa Cruz, Beni y Pando ha sido la de la permanente búsqueda de la integración con los mercados nacionales que permita la expansión de su producción y la búsqueda de la libertad personal y colectiva y del derecho de decidir autónomamente su forma de vida.
Una caracterización de la Santa Cruz pre-moderna
La Santa Cruz pre-moderna de 1937 a 1942 era un villorio de agricultores, ganaderos y comerciantes que desarrollaban una vida algo bucólica, pero pertrechados de un fuerte sentido de pertenencia. Con ese sentimiento, los miembros de una sociedad de estas características aspiran y logran posicionarse como especiales y diferentes a otras comunidades existentes en el ámbito nacional. Valoran intensamente esta forma de convivencia porque les da fortaleza para sobrevivir y progresar materialmente y esto los hace muy interdependientes, fortaleciendo sus intereses de grupo, ya sea de familia, gremios o instituciones sociales, generando un profundo sentimiento de identidad, de ser cruceños.
Ello generó una cultura con sentido colectivista y comunal, dentro de los límites de la comarca. Por esa época no existían grandes diferencias de riqueza y poder entre los actores sociales de Santa Cruz de la Sierra. Eso los une. Se trata de un colectivismo predominantemente horizontal, donde se asientan lealtades dentro de las normas de los grupos y clanes familiares, y que está relacionado con las tradiciones transmitidas por generaciones, con un liderazgo fundado en los méritos de la gerontocracia, prácticamente sin injerencias foráneas.
El concepto de colectivismo horizontal está fundamentado en una amplia evidencia científica para comprender por qué en comunidades fuertes y con una tendencia de adscripción de sus patrones de comportamiento a estructuras económicas simples, tienden a ser colectivistas. Triandis et. al. (2002):139-140 discuten el tema con gran amplitud y definen conceptos sobre la materia. Se entiende por sociedades fuertes a los elementos unitarios de sus miembros que tienen claras ideas sobre cuáles son sus valores y acuerdan las sanciones que serán pasibles aquellos que se apartan de este comportamiento y que además son débilmente influidos por las culturas vecinas, por lo que no son proclives a aceptar otras normas. Este fenómeno normalmente se produce en sociedades aisladas ¡Y vaya si Santa Cruz estaba aislada del mundo por aquellos años …!
Es importante elaborar lo específico del concepto colectivista horizontal que asociamos a la Santa Cruz pre-moderna. Este colectivismo no busca cobijarse bajo un aparato estatal que resuelva sus problemas y carencias, ni tampoco pretende estar más presente en la vida nacional. El Estado es el ejercicio del poder de una clase dominante sobre el resto de la sociedad en base a instituciones como el Poder Judicial, la Policía, el Ejército, etc. Pero los miembros de la comarca cruceña no tenían acceso a ese poder; por el contrario, los cruceños se sentían más bien sus víctimas. La respuesta fue un colectivismo horizontal que permitió estructurar un tejido social local capaz de limitar el ejercicio de ese poder estatal o al menos reducir las asperezas de su influencia en el ámbito local. De acuerdo al colectivismo horizontal de raigambre cruceña, ese poder estatal nacional era más bien lo que limitaba y frenaba las potencialidades de desarrollo de la sociedad local.
Esas convicciones marcarían por muchos años el periódico estallido de conflictos de Santa Cruz contra los poderes andinos oligárquicos, con sus pesadas y obsoletas instituciones de raíces coloniales y su inmóvil estructura socioeconómica asentada en el extractivismo minero y el latifundio agrario.
En las culturas colectivistas, al ser tan interdependientes los grupos sociales (familia, asociaciones voluntarias, etc.), las personas les confieren absoluta prioridad y estructuran su comportamiento siguiendo estrictamente sus normas. En estas culturas se privilegia la empatía, la cohesión social y sobre todo el compartir objetivos comunes.
Desde el punto de vista de los valores morales, en las culturas colectivistas el supremo valor es el bienestar del grupo, por lo tanto la violación a los códigos morales de la comunidad y sus jerarquías aceptadas constituye un aspecto conflictivo inaceptable.
Nota: Resumen de artículos publicados por Ovidio Roca y editados y complementados por Jorge Orias.


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