miércoles, 28 de septiembre de 2016

PROCESO DE CAMBIO CORPORATIVISMO Y SUPERVIVENCIA


Ovidio Roca

Historias y relatos de la época plurinacional
El impacto del crecimiento poblacional y la agresiva actividad humana ha modificado el ecosistema que conocíamos; disminuyen los glaciares y los bosques, las lluvias son erráticas, el agua escasea, las temperaturas son extremas; en fin cambio climático que afecta nuestra vida y nuestras actividades productivas, especialmente las agrícolas que necesitan adecuarse en tiempo, espacio y proceso productivo a los nuevos ciclos ambientales.
En Bolivia por su economía primaria, la falta de institucionalidad y con una gran masa poblacional de cultura campesina y deficiente en educación y formación tecnológica, no logró avanzar hacia la modernidad y se vive a espaldas de la economía del conocimiento; tecnologías éstas que a nivel mundial están transformando las formas de producir, comercializar y por ende los tipos de empleo y las habilidades profesionales requeridas por la nueva economía.
En el país persiste una  economía extractivista no sostenible y subsiste gracias a la explotación de los recursos minerales y del gas, siempre afectados por los fluctuantes ciclos de precios de las materias primas, por lo cual no se progresa y así gran parte de sus habitantes se mantienen en la pobreza.
Explican los sociólogos, que entre los factores que impulsan el corporativismo y el colectivismo esta ese sentimiento de inseguridad que impulsa al individuo a formar parte de un grupo. Este sentimiento de inferioridad, de debilidad, que solo es superado con su afiliación al clan, sindicato, corporación, que le da superioridad sobre el resto que no forma parte del mismo. De alguna manera se busca el retorno a la tribu, al ayllu y tener la protección del caudillo y así superar ese miedo a la libertad; del qué hacer de sí mismo y del mundo que lo rodea, sobre todo en este nuevo mundo cada vez más violento, extraño e incierto.
Por su parte, los dirigentes populistas al actuar a nombre de un grupo se sienten fuertes y liberados del temor y de las restricciones morales y legales que controlan su comportamiento como individuo y por tanto él actuando como dirigente puede y está dispuesto a quebrantar toda norma ética y jurídica para alcanzar los fines que se le han asignado.
Los políticos populistas se aprovechan de la gente desesperada por la pobreza e inseguridad y que solo busca sobrevivir y acepta cualquier cosa, venga de donde venga, por lo que es fácil venderle ilusiones y promesas. El proceso de cambio que le ofrecen, es una venta de ilusiones que está más vinculada con la estrategia de comercialización que con el producto en sí, por lo que es fácil inventar y vender fabulas a la gente que quiere creerles y que no se preocupa, ni le interesa comprobar la validez y realidad del producto.
A su vez, la población formada en la economía primaria y extractiva, al enfrentar esta nueva ecología, a este nuevo mundo tecnológico y reglamentado que está cambiando la forma de producir y comerciar, se siente aterrada pues no encaja culturalmente en estas nuevas realidades, por lo que prefieren quedarse con “lo malo conocido”, antes que avanzar hacia “lo bueno por conocer”.
Por esto, a veces creo que la narrativa del proceso de cambio  y su aceptación por los pueblos originario campesinos, la entendemos de manera equivocada; al parecer este proceso, es de cambio pero hacia una época anterior, hacia un pasado remoto, mítico, con un ecosistema que los originarios conocían y dominaban, donde no existía gente extraña, ni extrañas tecnologías, un mundo mucho más sencillo en el cual reinaban  y al que sienten pertenecer y en el que creen poder estar más seguros y felices, pero al que evidentemente y aunque ellos no lo creen, no es posible volver. Por lo que solo nos queda el futuro, el que hay que construirlo y desde el hoy.
ovidioroca.wordpress.com


domingo, 25 de septiembre de 2016

Mi viaje a la ISLA DE SAN ANDRES COLOMBIA


Autora Andreina Roca Aguilera

Es una isla en el mar caribe que es parte de Colombia  y se llama SAN ANDRES. Yo le di la vuelta a la isla en un teryx que allá  le dicen mula. Y alquilamos un teryx para pasear y una sombrilla para guardarla porque nos llovió.
Gina me regalo una máscara de buceo de vidrio, no de plástico y un snorkel para ver los peces de colores y los corales.
Fuimos en una lanchita a Johnny Cay que es una islita, también al Acuario,
las aguas son transparentes y se ven muchos peces. Hay muchos erizos, de los negros y los blancos. El negro si lo pisamos o lo molestamos nos chusa con sus espinas y no se pueden comer, pero el erizo blanco si se puede comer y cuando una pareja come el erizo blanco tienen gemelos.
Mi tía Andrea vio una mantarraya Águila, son mantarrayas que salen del agua y parecen unas mantas que se mueven como si el viento las llevara y chapotean muy  fuerte.
Conocí al pez perro que cuando ve algún diamante, un aro o un collar o algo que brilla se lo come y es capaz de sacarnos un dedo. Y abre la boca como un perro y sus dientes son como de un perro.
Conocí al pez loro que es un pez de colores y su boca es de color lila muy oscuro. Y otros peces más.
La iglesia de San Andrés que está en la zona de San Luis es muy hermosa porque las decoran más con cuadros y figuras de Jesús.
Comía pescado, hamburguesas, sándwich, lomito  y helados, pero algunas comidas sabían a plástico, menos las hamburguesas de Juan Valdés, el que tiene un café muy bueno, y son muy ricas.
En el avión de ida a San Andrés, mi tía Andrea siempre se encontraba tres asientos para dormir más cómoda y a la vuelta de San Andrés a Bogotá yo y mi tía nos encontramos tres asientos, de Bogotá a Lima no habían asientos y de Lima a La Paz y luego a Santa Cruz mi tía se encontró tres asientos y yo también pero en lo último, pero el que trabaja ahí me saco para el despegue y a mi tía también la sacaron.



miércoles, 21 de septiembre de 2016

CASADITO: TERRORISMO CORPORATIVO Y DE ESTADO


Ovidio Roca

Relatos de la era plurinacional
Experimentos realizados por los estudiosos del comportamiento y de la economía conductual, entre ellos los del Profesor Ariely, (*) han comprobado fehacientemente que “el cerebro se adapta  rápidamente al comportamiento tolerado por el grupo circundante; es decir que si el grupo que nos rodea consiente determinados actos de corrupción, nuestro cerebro buscará acomodarse a tal comportamiento grupal y lo repetirá en su vida cotidiana”.
Es decir, que cuando una parte de nuestro entorno comete atropellos, delitos y actúa desaprensivamente contra sus vecinos logrando así sus fines, nosotros también nos sentimos libres e impelidos de hacerlo y así se va creando una cultura de la amoralidad, la informalidad, el terror y abuso al más débil y menos organizado para defenderse. 
Este comportamiento es más generalizado en países como el nuestro, que vive en un permanente ambiente de anomia y carecen de instituciones sólidas y confiables. Como consecuencia de ello, los ciudadanos formados en este ambiente de temor y desconfianza en las instituciones gubernamentales, buscan alejarse rápidamente de sus ejecutores, especialmente de los fiscales, jueces y policías a quienes temen y desprecian.
Actúan de esta manera, pues la práctica cotidiana les ha enseñado que cuando viene, por ejemplo un fiscal o policía de tránsito, seguro que está buscando descubrir o inventar una infracción, que les permita sacar una tajada.
Por ejemplo, en los últimos tiempos el retiro de las placas de los vehículos mal estacionados se convirtió en un tremando negocio para los guardias municipales, pues el “pavo” ante la disyuntiva de la multa de seiscientos bolivianos más el trámite burocrático de una semana; contra los doscientos bolivianos, “que por ayudarte”, pedían los guardias municipales, la elección era obvia. Cuando esta práctica se convirtió, gracias a la prensa, en un escándalo público o porque los guardias no pasaban la cuota para los de arriba, tuvieron que eliminarla.
Otro ejemplo que muestra claramente cómo el entorno institucional y social influye y moldea nuestro comportamiento, lo vemos en los choferes bolivianos cuando ingresan a otros países en los cuales existe cierto ambiente de legalidad. El cambio es impresionante, pues allí se comportan de manera ejemplar, respetando todas las normas y de ninguna manera se les ocurriría ofrecer coima a un carabinero y menos en Chile.
Por estas tierras olvidadas de jehová y wiracocha, vivimos en un ambiente de permanente desorden; todos los días grupos corporativos (llamados movimientos sociales) y ahora casi toda la población, cuando tienen un interés, un reclamo, ni se les ocurre proceder de acuerdo a ley y de inmediato proceden a realizar huelgas, tomas y bloqueos para presionar a las autoridades, en las que no creen, pero como detentan la fuerza y las armas, los presionan para que les concedan lo que piden.
Esta misma lógica coercitiva la aplica el Gobierno para mantenerse en el poder; utiliza las instituciones bajo su mando: los poderes legislativo, judicial y las fuerzas armadas y policiales y aplica las leyes y las argucias que le convienen para destruir y encarcelar a sus opositores y generar terror en la población.
Ambos grupos no tienen idea y tampoco les importa, lo que la civilización ha construido en relación al derecho. Ulpiano, Jurista Romano, decía hace dos mil años: “El derecho de uno, empieza donde termina el de los demás”.
Vivimos en un escenario de terrorismo de Estado y anarquía, donde la población angustiada no atina a hacer nada, pues está totalmente paralogizada y no encuentra una salida para lograr la seguridad, la convivencia pacífica, el respeto a las leyes y a las personas.
En este ambiente de incertidumbre, la gente en su afán de sobrevivir se acomoda como mejor puede a estas circunstancias. Como dice el dicho, si no puedes vencerlos únete a ellos; una sentencia que se aplica cuando no se ve opciones y lo único que queda es subsistir a cualquier costo y cuidar de sus propios intereses.
Lo trágico de todo esto es, que cuando todo vale, cuando todo se diluye en la indiferenciación, nada en realidad vale nada. Y este es el gran problema, pues es un hecho demostrado que sin un ambiente social de ética y verdadera cultura democrática, el país no puede avanzar.
Nuestro cerebro, como se demostró en los experimentos del Profesor Ariely, se acomoda a este tipo de comportamiento y lo aplica en su vida cotidiana y esto continuara así mientras no cambie el entorno social y político y se instaure el orden y la confianza social. De ahí que los jóvenes, los que no tienen complicidad con el pasado como decía Ingenieros y que quieren construirse un mejor futuro, deben procurar un cambio democrático que les permita construir y vivir en un Estado de derecho, donde se respeten las leyes, su vida y su libertad.
 (*) DISHONESTY. The Truth About Lies.

ovidioroca.wordpress.com