lunes, 28 de junio de 2021

GOBERNAR BAJO PANDEMIA POPULISTA Y CORONAVIRICA

 

Ovidio Roca

Winston Churchill menciona un aspecto fundamental aunque poco y nada practicado: “El político piensa en la próxima elección, el Estadista en la próxima generación”.

No todos tenemos habilidades, conocimiento y aptitudes para todo; unos son buenos para el fútbol, la música, los negocios, la artesanía, la política. En política ser un Estadista es muy complicado, pues se trata de atender a personas con múltiples intereses y expectativas, por lo que se necesita conocimiento, experiencia, carácter y sobre todo ética; además de carisma para llegar a la población.
Lo extraño es que, los que se dedican a la política no son necesariamente los más capacitados, ni a quienes les preocupa la ética. También extrañamente, lo que la gente les pide no es capacidad de gestión, sino discursos, arengas, como si ellos buscaran a un histrión, un actor de telenovela y no un Estadista.

Un Estadista es el responsable de conducir una sociedad y lo hace conformado equipos de profesionales idóneos en cada cartera y con voluntad y coraje para afrontar el difícil camino que tenemos por delante. Actuando de esta manera es posible llevar a un país por una senda de progreso, económico, cultural; con paz, concordia y bajo un Estado de derecho.  

En nuestros países donde cunde la cultura del populismo, el Jefazo populista necesita sentirse poderoso y satisface su ego a través del control y manejo del pueblo y goza sintiendo que lo tiene a su disposición y doblegado. Cuando el Jefazo populista accede al poder, contrariamente a lo racional, arma su equipo de gobierno con sus allegados, pero cuidando que ninguno pueda hacerle sombra. Sin embargo rápidamente aparecen en su entorno los llunkus que lo endiosan y engolosinan; los que con Evo se diversificaron y especializaron y así aparecieron los amarrahuatos y ahora los limpia mocos y por supuesto proliferan los eternos lameculos.

Por falta de coherencia y unidad los sucesivos gobiernos democráticos no satisficieron las expectativas de la población, la que al entrar a este nuevo mundo de la tecnología y la digitalización se sintió perdida y temerosa.
No olvidemos que nuestros pueblos por diversas circunstancias históricas, tienen una educación precaria y poco adecuada para enfrentar los desafíos de este nuevo mundo de la economía globalizada, tecnológica y digital, por lo que se le dificulta acompañar esta dinámica económica internacional y frente a la cual nos estamos quedando cada vez más  rezagados.

Es la nuestra, una población mayoritariamente de agricultores, trabajadores informales, comerciantes y artesanos, que conocen de su negocio privado, lo manejan bien y generan ganancias, pero tienen problemas y deficiente educación para enfrentar esta nueva economía globalizada. Por esto el discurso de populismo les cala hondo, pues ofrece a la población hacerse cargo de su vida y su futuro y lo hace vendiéndole ilusiones y esperanzas.

Los estrategas castrochavistas que conducen los procesos populistas en Latinoamérica, utilizan el conocimiento práctico que tienen del pueblo y de sus debilidades y esto por su interrelación personal; ahora por la tecnología y la pandemia, lo manejan mayormente mediante las redes y como siempre siguiendo, identificando y utilizando para sus fines sus debilidades, temores y conflictos. No olvidemos que el primer objetivo de un buen manipulador es crear dependencia y utilizar a los demás para lograr sus fines y así lo hacen.

El Populismo utiliza la democracia electoral como artimaña y trampa política y una vez en el poder, practica el totalitarismo, el estatismo en la economía y ataca la propiedad privada y la iniciativa empresarial. Se ha retornado con entusiasmo al centralismo y estatismo, controlando las exportaciones, aplicando más impuestos e intentando nacionalizaciones, con estas políticas se está liquidando la clase media y generando la quiebra de los negocios de emprendedores medianos y pequeños.

La falta de unidad de los políticos y ciudadanos, que creemos en la democracia, la propiedad privada y la libre economía, nos ha debilitado ante el pueblo y ante la comunidad internacional. La democracia ha perdido la credibilidad de muchos ciudadanos los que están cansados y decepcionados de las divisiones de la oposición.
Para quien detenta el poder, mantener la confianza del pueblo es vital, si los ciudadanos dejan de creer en la autoridad, esta comienza a licuarse a pasos agigantados lo que puede conducir a un peligroso vacío de poder y eso es lo que ocurrió en Latinoamérica, de ahí la imperiosa necesidad de que el gobernante entienda que no debe irrespetar a la población y menos mentirle.
La confianza en el gobernante es más que un asunto interno, pues además de perder la confianza de los gobernados, también se puede perder la confianza del sistema internacional.

Los políticos sensatos, entienden que los procesos y transformaciones en democracia necesitan de negociaciones y acuerdos entre partidos, grupos y personas, pues el poder está repartido y esto ayuda a que se cumplan las leyes y evitan la violencia propia de las revoluciones.

El futuro, está abierto de par en par y es obligación de los dirigentes políticos y sociales unirse, pues esta falta de unidad es el primer síntoma de que no estamos listos para ser verdaderamente libre y sólo el realismo y el sentido común nos harán reconocer que no hay otro camino que la unidad.

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miércoles, 23 de junio de 2021

AVATARES DE LA GOBERNANZA EN LOS REGIMENES POPULISTAS BUROCRATICOS

 

Ovidio Roca

En los regímenes populistas burocráticos, no existe el “Gobierno de las Leyes”, ni son necesariamente los gobernantes electos los que ejercen el poder real. En estos regímenes, el Estado de Derecho se ha diluido entre reglamentos, regulaciones, circulares, prácticas y costumbres, las que por lo reiteradas se han impuesto.
Bajo el populismo y el centralismo se constata que la burocracia crece, se instala y prevalece. Una burocracia que es un fenómeno social y político, que condiciona la vida pública del país y de la actividad privada y escapa a todo control. La burocracia, por esencia es conservadora, cerrada, poderosa y contra ella solo cabe la constante voluntad de golpear sus núcleos y romper los nudos con los que han atado al Estado y a la sociedad.

Me comentaba Pukymon, un amigo y compañero de caminatas: Imagínese que usted llega a ocupar algún cargo de rango en la función pública del aparato del gobierno central, inmediatamente cae en las entrañas y marañas de esa burocracia centralista y de la cual usted no tiene la menor idea de cómo opera. Además, usted no tiene un equipo de confianza y le imponen uno, del cual ignora hacia donde apuntan los interesas de cada uno de sus miembros. Si para más yapa y como le ocurrió recién a Jeannine, le cae una catástrofe, una pandemia como el virus chino para el cual no se tiene el conocimiento ni los medios para enfrentarlo y para más yapa le cae la peste masista que lo hostiga, ahí se lo regalo.

Escuchándolo y pensando en Jeannine, una víctima de las circunstancias, una Señora  que soportó y soporta heroicamente los avatares y vicisitudes a las cuales ha estado y está sometida. Ella es cuestionada y culpada de todo y por todos, todas y todes. Ella no puede defenderse, es la culpable de aquello que cada uno se pueda y quiera imaginar y de acuerdo a los intereses y traumas del acusador. Es muy fácil y cómodo para quien no ha tenido experiencia de gestión pública y en general para algunas personas conflictuadas, el echar la culpa de todo a otros y peor aun cuando ésta persona se encuentra sola e inerme.

Esta es una situación muy común para esos escasos profesionales de regiones ajenas a la sede del Gobierno, que son elegidos por sus méritos o por diversas circunstancias y sin tener una filiación política, han sido invitados a ocupar algún cargo en el aparato público.
Al llegar a la sede del centralismo en la ciudad de La Paz, se encuentran con poco oxígeno y un ambiente extraño: cientos de funcionarios burocráticos, sumisos, pero impenetrables. Una burocracia de jerarquía inferior y bastante estable que tiene lazos de cooperación y permanente información entre ellos, pero que no se la brindan al extraño, al nuevo.  

La ciudad de la paz, hermosa, panorámica y heterogénea, pero en permanentemente en pugna, es la sede del gobierno Plurinacional y el hábitat de la burocracia. En el siglo anterior se hizo una guerra federal para instalar allí el centralismo y también la burocracia como una forma de vida.

Allí se produce una dinámica social, que expulsa a los mejores y deja el campo libre a lo peor del rebaño, a los que no se preocupan de otra cosa que no sea medrar en un partido, una estructura que favorece a los aspirantes a burócratas, aquellos que no tienen educación y opiniones propias y son buenos para aplaudir las decisiones de los jefes de turno, sea en lo que sea y diga lo que diga el jefe, ya sea blanco verde o azul.

La estructura de gobierno que encuentra el novato funcionario, es absolutamente vertical y los funcionarios aparentan una actitud amable y sumisa a la jerarquía. Una jerarquía rígida que va escalonada desde el portero, el chofer, el mensajero, la secretaria, el Director etc., Todos los miembros de la burocracia se comunican entre sus pares, se informan, apoyan y en apariencia respetan y se someten a la jerarquía oficial.

Esta burocracia es el verdadero poder paralelo y actúa según sus propios códigos, los que afianzan sus poderes; cierran puertas y preservan sus tradiciones, operan con un potente espíritu de cuerpo que blinda o al menos dificulta fuertemente cualquier decisión o cambio.
En la práctica, incluso las más altas instancias del Estado se estrellan contra el muro de la estructura burocrática, de allí que las decisiones de los nuevos jefes con frecuencia se traben hasta el infinito en los informes, los memos, las interpretaciones y la “jurisprudencia.”

Cuando el nuevo jefe, un extraño para la burocracia llega a su oficina, no conoce a nadie y se encuentra con el drama de adecuarse a los estamentos que dominan en la entidad, o eventualmente puede animarse a emprender cambios o “revoluciones”, las que si no están acompañadas de constante apoyo y voluntad política de los líderes políticos definitivamente fracasarán. Si triunfa será por poco tiempo, porque las jefaturas nuevas y extrañas son coyunturales y pasajeras, mientras los estamentos permanecen y retoñan.

No es que la burocracia sea totalmente negativa, incluso en una nación de “leyes y no de hombres” se necesita de equipos de personas idóneas que hagan cumplir las leyes.
Este problema de la burocracia no sería tan grave si existiera una verdadera carrera profesional y los cargos hubieran sido otorgados por concurso público y por mérito y existieran evaluaciones de desempeño periódicas y objetivas. De esta manera el funcionario estaría vinculado a la institucionalidad por sus méritos y la eficiencia en sus labores y no por servir a un político que le dio la pega y del cual es fiel tributario.


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viernes, 18 de junio de 2021

ECONOMIA POPULISTA Y SU VARIANTE COCALERA

 

Ovidio Roca

 En el primer tomo de El Capital, Marx describe dramáticamente las penurias a las que eran sometidos los trabajadores europeos a inicios del capitalismo. En plena revolución industrial del siglo XIX, los niños eran obligados a trabajar de sol a sol en condiciones infrahumanas, las enfermedades respiratorias severas eran muy frecuentes y el hacinamiento era habitual. Los obreros eran brutalmente explotados por una patronal que sólo perseguía el lucro ilimitado.   

Los comunistas rusos seguidores de Marx, partir de su triunfo del año 1917 instalaron para su gestión de la economía el modelo comunista, donde no existe la propiedad privada y el aparato productivo, en realidad todo, está en manos del Estado. Un modelo que dejó miseria y millones de muertos, con una economía destruida y empresas fracasadas.

Con esta experiencia, los chinos en el Siglo XX para afianzar su economía y mantenerse el poder, combinaron hábilmente lo peor del capitalismo con lo peor del comunismo. Un capitalismo salvaje peor al que criticaba Marx, sin leyes ni normas y un régimen social esclavista, donde el trabajador no tiene ningún derecho, salvo el de someterse al caudillo para poder sobrevivir.

Conocemos que el capitalismo está lejos de ser un sistema económico perfecto, pero es el menos malo de todos y esto gracias a la prevalencia de la libertad, la iniciativa privada y el estado de derecho, por lo que siempre está en procura de mejorar y así se lo puede confirmar por el éxito en los países democráticos y de libre mercado.

En Bolivia cunde el populismo y su modelo de economía: Económico, Social, Comunitario y Productivo”, que es en realidad autoritario, centralista, estatista, informal y cocalero.
La informalidad ronda por el ochenta por ciento de la economía nacional y la manejan los cocaleros, comerciantes informales, contrabandistas, chuteros, cooperativistas mineros y gremiales. Ellos no tienen registro legal, no pagan impuestos y tampoco tienen interés en hacerlo. Los únicos quienes tributan al Estado, son las pocas empresas formales que aún subsisten.

Como dato del régimen impositivo bajo el masismo, los pagos al Estado realizados por la explotación de oro por las “cooperativas originarias, chinas” de los masistas, son inferiores al subsidio del diésel que estos usan en sus barcazas. Esto sin contar el tremendo daño ambiental por el mercurio que usan para amalgamar el oro y por la depredación de los bosques ribereños.

 Los populistas utilizan al Estado para sus fines de poder y enriquecimiento y cuando en  las arcas del Estado hay plata la gastan rápidamente y cosechan las comisiones; esto implica inversiones sin ton ni son, salvo para la melea.

Centrándonos en el territorio cocalero, de ocho empresas estatales construidas por el masismo en el Chapare durante la gestión de Evococa, tres han dejado de operar: la Planta Industrializadora de Urea y Amoniaco, la Empresa de Papeles de Bolivia (Papelbol) y Ebococa.
Pasa lo mismo con dos mega obras  que no están en uso pleno en la región cocalera: el Aeropuerto Internacional de Chimoré y el Centro de Alto Rendimiento (CAR) que son unas canchitas de costo millonario, construidas para los Juegos Sudamericanos.
Estas obras y las plantas  que no operan, demandaron una inversión de 7.173 millones de bolivianos. 1.025 millones de dólares gastados en el Chapare y no solo para dar gusto al Jefazo, sino para cosechar comisiones.

 En 2010 se anunció un nuevo proyecto, la construcción de una carretera que uniría Villa Tunari en el Departamento de Cochabamba, con San Ignacio de Mojos en el Departamento del Beni, pasando por el corazón del TIPNIS.

Este es un importante proyecto geopolítico del Estado Cocalero. Un Gran Proyecto de Desarrollo”, denomino la Prefectura Masista de Cochabamba a lo que en realidad es una Carretera de “Penetración” al Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS).
Este en realidad es un proyecto de colonización y siembra de coca, que desintegra el territorio indígena, reduce el área Protegida y crea una gran área de producción y expansión del narcotráfico.


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