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sábado, 18 de julio de 2020

NADA SE PUEDE CAMBIAR SI NO CAMBIAMOS NUESTRA FORMA DE PENSAR



Ovidio Roca

Actualmente los términos de izquierda y derecha pueden significar cualquier cosa y no definir nada; solo expresan y califican aquello que el interés del que los utiliza quiere significar. Sería mucho más sensato usar términos que verdaderamente signifiquen y muestren una condición concreta, tanto económica como política: comunismo, fascismo, liberalismo, populismo; pero esto que sería útil para que el pueblo lo entienda, no es aceptable para los populistas que en su propaganda necesitan de las medias verdades.

Los activistas de la izquierda siempre han vivido del conflicto, desde el inicial conflicto de clase hasta el actual de la ideología de género, más arraigado en los países europeos.  
Los comunistas, ahora llamados progre, fracasada la revolución socialista suplen la ausencia de propuestas económica, social y política, con los cuentos de pueblos originarios, ideología de género, ideología LGTB, lenguaje inclusivo; entre otras sandeces parecidas.
(Como referencia, e
l paradigma de género desconoce la esencia biológica de la persona y le asigna una fuerte carga psicológica, ya no hay hombres y mujeres, sino género y a gusto de cada quien).

Para los demócratas liberales todas las personas en su condición de ciudadanos son iguales ante la ley, y no es aceptable para la democracia toda norma o reglamento que otorgue mayores derechos o dé preferencias a las personas, por consideraciones económicas, étnicas, de sexo o pertenencia regional.

Países como Bolivia, Colombia y Perú, por la influencia de su base productiva, tienen algunas peculiaridades en sus procesos políticos populistas. En estos países la coca tiene un importante efecto e impacto en la economía y la política por ser una de las actividades que genera las mayores ganancias. Este es un importante cultivo y muy productivo por la cantidad de cosechas de la hoja de coca que se realizan al año, pero fundamentalmente por la activa demanda del narcotráfico.

Los Carteles de la droga y para consolidar su negocio han establecido Republiquetas de la coca en el Chapare de Bolivia y en Colombia. Estas son la base operacional para la producción de cocaína y son manejadas por los Carteles de las FARC (colombianos)  y de los Soles (venezolanos), usando como mano de obra local, a los dirigentes cocaleros y sus sindicalizados.

Utilizando la demagogia populista y financiados por los ingentes negocios del narcotráfico, se instalan los Gobiernos Populistas que controlan la vida de las personas. Se establece un Estado Totalitario que concentra los poderes y dicta y comanda arbitrariamente, según sus antojadizas interpretaciones, la vida de los ciudadanos. Y como resultado final tenemos la entronización del terror y la miseria para los ciudadanos y esto podemos verlo en Cuba, Venezuela y Nicaragua.

Lamentablemente hasta ahora no hemos sido capaces de garantizar una convivencia social basada en el trabajo, el respeto y la tolerancia; por lo que la población esperanzada en días mejores fácilmente se deja engatusar por los populistas. Estos hábiles demagogos realizan una propaganda falaz, que repite incesantemente esperanzadoras mentiras y logran con éxito su objetivo de poder y riqueza.

 Dice Einstein: “El mundo que hemos creado es un proceso de nuestro pensamiento. No se lo puede cambiar sin cambiar nuestra forma de pensar”. Crisis como la actual pueden ser coyunturas decisivas para cambiar y mejorar nuestra manera de pensar y nuestra vida. Necesitamos educarnos e informarnos mejor y luego asumir el compromiso personal de lograr un mejor futuro para todos.

ovidioroca.wordpress.com

domingo, 9 de octubre de 2016

EL SINDROME DE COLOMBIA


Ovidio Roca

La prensa internacional destaca que en Colombia, quienes más muertos pusieron en su guerra fratricida, apoyaron el acuerdo con las FARC  y votaron masivamente por el Sí; es decir apoyaron a cualquier costo negociar y pactar con los criminales.
Hemos leído del Síndrome de Estocolmo, personas que después de ser secuestradas crean lazos emocionales con sus secuestradores, pues la victima malinterpreta la ausencia de violencia física contra su persona, como un acto de humanidad de su captor.
Volviendo a Colombia; los pueblos del área rural donde se asesinó masivamente a sus habitantes votaron mayoritariamente (más del setenta por ciento) a favor del Sí, mientras que en los Departamentos más urbanos, que no sufrieron tan directamente la violencia, se inclinaron por el No. Al respecto, en declaraciones a la prensa se decía en Colombia: "Los que votaron por el No, fueron los que no son tan víctimas, los que no sienten los coletazos del conflicto armado, los que piensan que esta guerra se debe prolongar, los que no creen en una salida negociada al conflicto".
Ingrid Betancourt, secuestrada por las FARC y retenida en la selva por seis largos años, opinó: “que al igual que el Presidente Santos aquellos guerrilleros que la secuestraron, también se merecían el Nobel de la Paz”.
Casi una mitad de los colombianos, muchas agencias internacionales, gobernantes y políticos, quieren a cualquier costo cerrar el conflicto hoy; no importa cómo y no piensan que están liberando un monstruo formado en la violencia y fuertemente armado, que gusta de la adrenalina y de la cocaína, que son tremendamente organizados y mucho más ricos que Trump; pues manejan uno de los  mayores Carteles del narcotráfico del mundo.
Este comportamiento de la gente y las instituciones ante los criminales y agresores, este masoquismo y la desesperación por salir el drama del hoy, les impide ver el drama aun mayor que dejan  a sus hijos, con una Colombia en manos del Cartel narcotraficante de las FARC. 
Debemos tomar en cuenta, que esta guerrilla se inicia como una utopía política, con activistas que procuran el poder por vía de la violencia y en el más de medio siglo que llevan en este afán, lidiando día a día con el temor, la furia y la muerte, se hacen adictos a la adrenalina, la cocaína y la mariguana. En el proceso se convierten en una Narco guerrilla y conforman un poderoso Cartel del narcotráfico, que usa el secuestro, la extorción, la muerte y el tráfico de la cocaína para mover su máquina de terror, de enriquecimiento y satisfacer sus ansias de poder. 
Esta guerrilla de más de cincuenta años, acoge a muchas personalidades paranoicas, que son las más propensas a este tipo de acciones mesiánicas y las que viviendo por muchos años en ese duro ambiente de la selva, donde no sabes si mañana o más tarde vas a estar vivo, pues se trata de matar y morir; han acumulado un tremendo stress postraumático por lo que el insertarse en una sociedad pequeño burguesa, aceptar reglas, respetar al vecino y las leyes no es muy probable.
Ninguno de estos poderosos dueños de vidas, haciendas y cocales, que viven más allá del bien y del mal; en permanente tensión, sin ningún respeto por nada o por nadie, luchando por vivir un día más van a convertirse en pacíficos ciudadanos. Ellos seguramente utilizaran su organización, su furia y su inmensa riqueza para comprar conciencias y apoderarse del poder político y económico de Colombia y luego expandirse al resto del mundo o hasta donde llegue el mercado de la droga.
Como persona creo que debemos conciliar y perdonar y esto por diversas razones; pero como sociedad, como Estado no es posible hacerlo y aceptar que grupos puedan impunemente secuestrar, extorsionar, asesinar, comerciar y enriquecerse con el tráfico de drogas que conduce al envilecimiento de personas y la sociedad y luego darles la posibilidad que usando su riqueza y su organización puedan seguir haciéndolo, sin que exista ninguna sanción por todos sus crímenes.  
Es indudable la necesidad de buscar la paz y la reconciliación, pero esto no elimina la responsabilidad legal del criminal. El perdón no implica aceptar la impunidad; el crimen no puede ser premiado con el olvido, debe existir una sanción legal y moral que advierta a todos, que el crimen no paga, pues una sociedad que no sanciona el crimen se encuentra cimentada en la arbitrariedad y por lo tanto propensa a nuevas crisis sociales o políticas.
Mi percepción, y espero equivocarme,  es que ellos con la impunidad que le pretenden dar, su capacidad mostrada de organización, decisión, y millones de dólares que tienen, tomaran en pocos años a Colombia bajo su control y paralelamente expandirán su dominio, inicialmente por Venezuela, Bolivia y Perú.
Esto es síndrome de Estocolmo?­, creo que no, pues en ese caso específico, los secuestradores trataron más o menos bien a sus víctimas y no los mataron y lo mismo ocurrió con el caso de Patty Hearst; pero en el caso de Colombia se impuso la violencia criminal, por lo que entiendo que  se trata de un nuevo síndrome y mucho más letal, el Síndrome de Colombia.
ovidioroca.wordpress.com