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domingo, 12 de septiembre de 2021

POPULISMO DE DERECHA Y DE IZQUIERDA, UN CH'ENKO TOTAL.

 

Ovidio Roca

Antes las cosas eran más fáciles y claras, había una izquierda comunista en un país y con una comunidad sin propiedad privada ni democracia. Una derecha capitalista en un país con propiedad privada y un sistema democrático.
Pero ahora la cosa se nos complica, la Mayor Potencia Capitalista mundial es la China comunista (El año pasado había 1.058 multimillonarios viviendo en China frente a los 696 de Estados Unidos. Informa el Banco Mundial).
Y para más yapa tenemos el Populismo, que es tanto de derecha como de izquierda. Los tenemos a Chávez y a Trump.

Los politólogos dicen que el Populismo es una ideología que se basa en la distinción y la oposición dualista entre “el pueblo” y “la élite” y los populistas aseguran que la verdadera voluntad del pueblo está enfocada en la prevalencia de un Líder.

Hugo Chávez, el difunto líder populista de Venezuela, lo dijo claramente: “¡Yo ya no soy Chávez! ¡Chávez es un pueblo!.
Trump durante su campaña para la presidencia declaraba: “La única cosa importante es la unificación del pueblo, porque las otras personas no significan nada”. ¡Yo soy su voz!”.

Los populistas dicen que ellos y solamente ellos representan al pueblo, “un pueblo que no incluye a todos, pues se excluye a los enemigos del pueblo”. Los mismos que en los distintos países son denominados de varias maneras: blancos, capitalistas, demócratas, prensa libre, financistas y otros más, los que no son parte del verdadero pueblo.  

La estrategia populista busca agrupar una masa poblacional lo suficientemente amplia y poderosa, ofreciéndoles satisfacer sus demandas y con un solo Líder mesiánico y todo ello con el propósito de derrotar a los “enemigos del pueblo” y tomar la totalidad del poder estatal para servir, al pueblo.
Para armar sus propuestas el movimiento populista recoge un conjunto de demandas no satisfechas de la población, que siempre las hay y las mismas son agrupadas en un Programa de Reivindicaciones por los intelectuales populistas manipuladores.

Los populistas están absolutamente convencidos, que la sociedad necesita estar bajo el control de un Líder y un Partido que represente al verdadero pueblo y la cada vez mayor falta de confianza del pueblo en los sistemas institucionales establecidos, promueve el surgimiento de “hombres fuertes”, como sus líderes.
En consecuencia un Líder populista que llega al poder está obligado a estar en permanente campaña para convencer a los suyos de que no es y nunca será parte del sistema capitalista y neoliberal.

Todo líder que se respeta, toma decisiones de una forma que no es posible en las democracias tradicionales y esto explica su afinidad y vínculos con el autoritarismo. A los líderes populistas no le gusta los “complicados sistemas democráticos” del Gobierno liberal y prefieren la Democracia directa como los Referendos y las Elecciones amañadas.

El Populismo en su gestión pública reivindica y prioriza el rol del Estado como defensor de los intereses de la población y esto mediante el estatismo, la inversión pública, el intervencionismo y la seguridad social, dicen que es con el fin de lograr la justicia social y el Estado de bienestar.

Heredero de ingentes recursos del boom de los hidrocarburos, el Gobierno populista cocalero boliviano invirtió miles de millones de dólares en docenas de empresas públicas, las que generaron jugosas comisiones para los políticos y luego millonarias pérdidas para el país.

Los gobiernos populistas nos han adocenado y acostumbrado a tener miedo a la libertad, a sentir temor e inseguridad para asumir nuestra responsabilidad de solucionar nuestros problemas y ser autosuficientes para bastarnos a nosotros mismos. Ahora toca pagar, pero así nomás es.
 
ovidioroca.wordpress.com

sábado, 21 de septiembre de 2013

LOS MITOS DE LA IZQUIERDA

LOS MITOS DE LA IZQUIERDA
Ovidio Roca

En la Asamblea Constituyente de  Francia (época de la revolución de 1789) los defensores de los privilegios del rey se sentaban a la derecha del Presidente, y los burgueses, la clase emergente, a la izquierda, es decir que los liberales eran la izquierda.
Al advenimiento del socialismo y para efectos publicitarios, estos asumen el rotulo de izquierda y empujan a los liberales a la derecha. En la actualidad los términos de derechas e  izquierdas, que en su momento tuvieron una connotación ideológica y emocional, han perdido toda referencia, por lo que es más sensato (aunque poco común) guiarse por la experiencia, viendo lo que se hace y no lo que se dice; por las propuestas y sus logros y no por los eslogan.

Desde fines del siglo XIX, dos grandes proyectos ideológicos marcan el pensamiento político, son el liberalismo y el comunismo y se expresaron en dos nombres: Adam Smith y Carlos Marx.
El atroz experimento comunista fracasa y se derrumba a fines del Siglo XX, con la caída del muro de Berlín y el desmoronamiento de la Unión Soviética, mientras tanto el liberalismo continua vigente y exitoso, con los consabidos y naturales problemas fruto de los encontrados intereses económicos y políticos de toda sociedad.
En esencia las diferencias entre comunismo y capitalismo son: más Estado o menos Estado, más comisariato o más libertad, más propiedad estatal o más propiedad privada. Vale decir, confiamos en el individuo libre, constructor de su destino o en el Estado controlador, dueño de vidas y haciendas.
Durante la guerra fría, el partido comunista logro seducir e muchos artistas, intelectuales y activistas políticos, los llamados “compañeros de ruta” que esperanzados en el hombre nuevo, cumplían trabajo ideológico en sus países y en apoyo de la estrategia política de la Unión Soviética.
Sabemos casi todos, pero por extrañas razones no queremos reconocerlo, que los socialistas han sido y son los regímenes más genocidas y empobrecedores; los que establecieron regímenes de terror y causaron la quiebra de todas las economías donde estuvieron gobernando. Sin embargo sus seguidores y panegiristas con una actitud de absoluta fe religiosa, creen que las dictaduras y genocidios de Stalin, de Hitler, de Mao, de Castro, son buenos porque son de izquierda, pues están convencidos que la izquierda es buena aunque haga cosas malas y la derecha es mala aunque haga cosas buenas.
Después de la caída del muro de Berlín, la izquierda cínicamente olvido y obvio de la discusión el fracaso económico y social del socialismo real, y como fabuladores impenitentes que son,  se dedicaron a construir una ilusión socialista (pues la ilusión es lo que mejor se vende) proclamando a su vez la superioridad moral e intelectual de la izquierda  y afirmando ser los depositarios de la inteligencia, de la cultura, de la defensa del pueblo oprimido.
En américa latina, los compañeros de ruta (activistas políticos y militantes comunistas, ahora desempleados por la caída de la URSS), se reorganizan en el Foro de Sao Paulo para reconducir su estrategia de control ideológico y la toma del poder. Hay que reconocer que en este su empeño han tenido gran éxito, logrando enamorar a ciertos intelectuales y con su conocida capacidad de mistificación han ilusionado a las masas, reclamando para sí la superioridad moral e intelectual y asumiéndose paladines de los pobres, del género humano, de la patria, de los artistas y ahora descaradamente, del medio ambiente y los indígenas. 
Últimamente los líderes del ALBA, miembros todos del Foro de Sao Paulo, han empezado a mostrar su desconfianza por los intelectuales y además de reforzar y armar sus grupos de choque, ahora prefieren contratar expertos en comunicación y equipos “think tanks” encargados de neutralizar el pensamiento crítico (librepensantes) y elaborar las estrategias del poder y mecanismos de monitoreo y control sobre las personas, grupos de opinión y medios de comunicación. 
La utopía izquierdista declara altos postulados morales y proclama la defensa de los menos favorecidos; pero la realidad, la verdadera práctica de la izquierda en el poder han mostrado su total irrespeto por la libertad, los bienes y la vida de las personas, por esto es que desde siempre han querido ser juzgada por su discurso, por sus intenciones y no por sus acciones, ni por los resultados. Es decir, por lo que dicen y no por lo que hacen.
Por su parte los liberales, que tienen un claro pensamiento ideológico y propuestas que ayudan a construir sociedad, economía y futuro (pero exigiendo responsabilidad y trabajo) poco lo difunden y menos lo comparten con la población, pues están más preocupados por la gestión, por los resultados,  con lo que dejan campo libre a la predica populista de la izquierda, que se vende muy bien. 
Si quisiéramos ver la realidad, bastaría revisar lo que está pasando hoy en Latino américa y comparar los avances en libertad y bienestar económico entre los gobiernos de la llamada izquierda, los de la ALBA: Cuba, Venezuela, Nicaragua, Ecuador, Argentina, Bolivia, y aquellos que aplican el concepto liberal: Chile, Perú, Colombia, Panamá.
Como siempre, la fantasía se impone sobre la realidad, y el relato es más importante que el proceso histórico real, por eso es que el mundo vive dando vueltas sobre los mismos errores.

ovidioroca.wordpress.com